Fibra y ADSL de Movistar a 32 euros: solo para nuevos y solo un año
¿Cuánto cuesta de verdad poner fibra o ADSL con Movistar por 32 euros al mes? Exactamente eso:
32 euros mensuales, con IVA y cuota de línea incluidos, durante doce meses. La promoción, lanzada a comienzos de 2016, cubre ADSL o fibra de 30 megas y añade llamadas a móviles: 50 minutos entre semana y 550 los fines de semana. La permanencia es de un año. Para quien vive donde solo llega Movistar, es probablemente lo mejor que podía firmar entonces.
El problema nunca fue el precio de entrada, sino la
bisagra del mes trece. El precio sin promoción se queda en 36 euros al mes y la cuota de línea, 17,40 euros, se cobra aparte. Ahí es donde la cuenta se descompone, y donde una calculadora y dos minutos valen más que cualquier folleto comercial.
Qué incluye la oferta de 32 euros al mes
La tarifa coloca ADSL o fibra de 30 megas con línea y IVA por 32 euros mensuales. No es una tarifa de móvil: la voz se limita al teléfono fijo, con 50 minutos de llamadas a móviles de lunes a viernes y 550 minutos los fines de semana. Las altas se gestionan por web y por teléfono, con 12 meses de permanencia.
Donde no hay fibra, el ADSL hace las veces, con velocidades anunciadas de hasta 20 megas en cobre. La distancia a la central manda y hay líneas que se quedan sincronizadas en 10 megas. Sobre ese suelo, el listón de comparación en el medio rural era un ADSL por Wimax de 1 mega a 28,50 euros al mes. Ahí no hay duda posible: 32 euros por 30 megas y llamadas es otra liga.
¿Qué se paga cuando termina la promoción de 12 meses?
Con la promoción agotada, el precio de tarifa son 36 euros al mes, cuota de línea no incluida. Sumando los 17,40 euros mensuales de la línea, la factura se va a
53,40 euros. Ese es el número que conviene apuntar, porque es el que aparece a partir del mes trece.
Sobre ese escenario circula un cálculo incómodo: si la compañía repite el patrón del año anterior, con dos subidas de tres euros, el salto puede ser mayor. La referencia que se maneja es el precedente de las promociones vendidas como
para siempre que después subieron cinco euros sin demasiadas explicaciones.
La defensa de la oferta es simple: al acabar la permanencia, el cliente puede irse sin penalización. La contrarréplica también lo es: irse, en la práctica, es una gestión larga y llena de obstáculos.
Solo nuevas altas: el castigo a los clientes de Fusión
Uno de los puntos que más irritación generó fue la puerta cerrada. La promoción está reservada a nuevas altas, así que quien ya tenía contratado Fusión, pagando alrededor de 53 euros al mes, llamaba y se topaba con un no. La única salida que se le ofrecía era darse de baja y volver a darse de alta.
Hubo quien lo hizo. El resultado, según su propio relato: pasar de 53 a 32 euros al mes y mejorar la conexión de paso, de 10 a 18 megas, al recolocar la línea en otro punto. El coste fue perder el número de teléfono fijo y empezar de cero.
De ahí sale una lectura incómoda: la operadora trata mejor al que no es su cliente que al que lleva años siéndolo. Es el motivo que esgrimen algunos para tener el móvil en otra compañía aunque paguen algo más cada mes.
Fibra, ONT y el teléfono de casa
El salto de ADSL a fibra no es un cambio de router, es una obra. Se retira el PTR de la pared, llega fibra óptica hasta el edificio o la urbanización y desde ahí un cable hasta la vivienda; por dentro, un latiguillo de fibra hasta el ONT. Aviso: la fibra no se dobla como el cobre, y doblarla de más rompe el cable y obliga a llamar al instalador.
Los teléfonos de toda la vida siguen sirviendo. En la parte trasera del ONT hay un conector RJ11 donde se enchufan los aparatos de siempre. La contrapartida es que el fijo pasa a depender de la corriente eléctrica y del propio equipo: si se va la luz o el ONT se bloquea, el teléfono se queda mudo.
El riesgo de quedar atrapado en la fibra
Aquí está el nudo. En muchos municipios la única fibra disponible es la de Movistar. Quien migra a fibra y después quiere cambiarse de operador se encuentra con que la portabilidad no está garantizada: donde no hay otra red, no hay a dónde portar. El consejo que circula para no quedarse encerrado es mantener el ADSL y no dar el salto, precisamente para conservar la vía de salida.
Al otro lado están los que no ven drama: aguantar el año al precio bueno y, cuando llegue la subida,
mudarse. La oferta, dicen, sigue mereciendo la pena para quien solo busca doce meses de alivio.
La letra pequeña que decide
Entre la defensa y la sospecha hay un dato que nadie pone en duda: el ahorro del primer año es real y la subida del segundo también. Lo que cambia según a quién se pregunte es si compensa atarse para conseguirlo.
Así que la oferta es magnífica... durante 365 días. La letra grande la firma el cliente; la pequeña, la operadora. Y al final del camino, cómo no, la devolución del router.