El tirador de Trump: dos armas y un informe que no llega
¿Cómo es posible que un chaval de veinte años con un rifle mediocre roce la oreja de un expresidente a cientos de metros y que, dos semanas después, no exista un informe preliminar del FBI? Esa es la pregunta que sostiene la reconstrucción más repetida del atentado contra Donald Trump: la hipótesis de un segundo tirador profesional, oculto, que disparó primero y desapareció después.
La escena, tal como se ha ido armando pieza a pieza, tiene tres actores. El chaval, Thomas Matthew Crooks, encaramado a un tejado con un arma poco precisa. Un supuesto francotirador experto, apostado en una torre de agua o en una posición elevada con mejor ángulo. Y un tercer disparo, atribuido a un tirador del servicio secreto, que habría acabado con la vida del joven. El relato oficial solo reconoce al primero.
Por qué el tirador experto falló el tiro
El argumento central de la teoría no es que hubiera un segundo tirador, sino que ese segundo tirador falló. Y ahí empieza el problema. Un profesional con posición elevada, viento calculado y línea de tiro despejada no roza una oreja: o acierta o no dispara. La probabilidad de rozar exactamente el borde de la oreja, sin tocar cráneo ni cuello, es estadísticamente ridícula.
Hay quien sostiene que el chaval no disparó a Trump en ningún momento. Los tres primeros disparos, según esta reconstrucción, salieron del arma del tirador oculto; uno de ellos alcanzó a Trump. Los cinco siguientes, disparados a lo loco por Crooks, mataron a un espectador e hirieron a otros dos. El siguiente disparo, el del supuesto tirador del servicio secreto, habría sido el que acabó con el chaval. La atención se centró en el joven y el tirador profesional de la torre de agua escapó después.
El problema del ángulo: imposible desde el depósito
La reconstrucción geométrica es la que más ha hecho correr la tinta. Según los cálculos que circulan, desde lo alto del depósito de agua no se ve el estrado donde estaba Trump: los árboles lo tapan. Y aunque se viera, el ángulo es incompatible con la trayectoria observada. Para que una bala pase rozando el lado derecho de la cabeza, el tirador tendría que estar a la derecha del objetivo, no a la izquierda.
Trump gira la cabeza hacia la torre en el momento del disparo. Ese giro, milimétrico, es lo único que le salva. Un poco menos de rotación y la bala entra en el cráneo. Esa es la parte que nadie discute: el margen fue de centímetros.
El audio delata dos orígenes distintos
Aquí entra la parte técnica. Las marcas del martillo percutor son únicas para cada arma, como una huella digital. Si se recuperan el arma y las balas, la comparación balística resuelve la duda en cuestión de horas. El problema es que no hay informe. No hay casquillos confirmados. No hay declaración de la seguridad. No hay nada.
El sonido, en cambio, sí es indistinguible para el oído humano. Pero las grabaciones desde distintos puntos captan la onda sonora de forma diferente según el origen. Si hubiera dos tiradores, el audio lo delataría. Y para que no lo delate, los dos tiradores tendrían que estar muy cerca el uno del otro. Eso complica la teoría del francotirador en la torre de agua.
El informe que no llega y la foto que sí
Dos semanas después del atentado, el FBI no ha publicado ningún informe preliminar. Cero. La única información disponible viene de analistas aficionados y de reconstrucciones caseras. Mientras tanto, Trump aparece en fotografías subiendo a un avión con la oreja aparentemente intacta, lo que ha alimentado otra línea de sospecha: que el roce nunca existió y que todo fue maquillaje para conseguir la foto.
Esa hipótesis, conviene decirlo, no está respaldada por ninguna prueba. Pero la ausencia de datos oficiales es el mejor caldo de cultivo para cualquier teoría. Si el servicio secreto sabía de la presencia del chaval veinte minutos antes de los disparos y le dejó pasearse por el tejado, la pregunta no es quién disparó, sino por qué nadie lo impidió.
Al final, la teoría del segundo tirador tiene un problema y una virtud. El problema: cada pieza que encaja en un lado desencaja en otro. La virtud: explica lo que el relato oficial no explica, que es por qué un chaval con un rifle malo estuvo a punto de matar a un expresidente y por qué nadie ha enseñado todavía un solo papel firmado.