Un forero de 52 años dice que seguirá remando: el hilo se parte
Treinta mensajes entre el 20 y el 21 de septiembre y el hilo ya no discute lo mismo que al principio. La receta de Bernardos —menos queja para los jóvenes, otros años de remo para la franja de 52 a 60— ha pasado a segundo plano. Lo que se pelea ahora es el mapa: dónde se puede comprar y quién tiene derecho a decirle a otro que haga las maletas.
Qué se ha sabido
El 20 de septiembre alguien rescata un tuit del propio economista. Va de bloques de edad: los jóvenes se creen que se lo van a comer todo, pero la generación del baby boom es la mayoritaria en España, puede hacer mucho ruido y crear cuentas falsas, y aun así los números son los números.
Poco antes se pega un enlace a ideas.repec.org con la pregunta de rigor: ¿este es el del famoso índice Bernardo? La broma se explica sola en el hilo: quien hizo justo lo contrario de lo que propone este señor, se forró.
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ideas.repec.org
También aparecen vídeos. Un participante cuenta que sus propios alumnos se ríen de él y que circulan grabaciones anónimas mofándose de sus clases.
Las cifras que se manejan en el tramo: un forero con 52 años dice tener
30 años cotizados y que en su empresa la gente se va ahora a los
61 con el contrato relevo. Otro pone la calculadora geográfica: un cajero que cobra
1.500 euros en Barcelona cobraría lo mismo en una ciudad de
20.000 habitantes y pagaría
500 euros por un piso entero en vez de
1.000 y pico compartiendo. Un tercero responde tirando del INE y del salario neto promedio de España.
De fuentes, además de la lista de pronósticos que vuelve a circular: la pieza de Heraldo del 20 de septiembre, la de Business Insider sobre quienes ya quieren jubilarse y la de El Blog Salmón sobre las tres vacaciones y los buenos restaurantes. Esa última provoca la réplica más seca del tramo.
Dónde está la bronca
Dos ejes.
El geográfico es el que más se mueve. Aquí se compra parte del diagnóstico sin problema: en provincias, el cálculo aguanta. Y se rompe en cuanto se cambia de plaza. En Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga o Bilbao, sostiene un forero, no lo pagan ni entre cuatro jóvenes. Otro lleva el argumento al lado contrario y le echa la culpa al que no se mueve: si trabajas de cajero en Barcelona, dice, ¿qué haces ahí?
Contra eso aparece la respuesta de la escalera rota: el que compra un piso pequeño se queda con el piso pequeño. Y la ironía de guardia, la de que
vivir en 80 metros es vivir en un palacio. Hay incluso quien avisa de que generalizar desde un barrio rico y luego mirar el INE no cuadra.
Hay quien defiende que si el mercado se rompe solo en cinco ciudades, el problema no es el consejo, es que el país entero se ha apelotonado en esas cinco. Y hay quien contesta que apelotonarse no es un vicio: es lo que pasa cuando el trabajo está ahí.
El segundo eje es el generacional. Una parte del hilo sostiene que la quinta que hoy tiene entre 52 y 60 años nació con menos población y más poder de compra, y que en vez de dar las gracias reparte lecciones. La contestación llega rápido: la cosa no va de edad, va de dónde vives y de lo que aceptas hacer con tu vida.
Y debajo de todo, una capa de ruido. Buena parte de los mensajes no argumenta nada: hay quien le dedica descalificaciones, quien responsabiliza a la universidad de tenerlo de profesor y quien le desea lo peor. Sin argumento, no hay debate.
Qué cambia respecto a antes
Tres cosas.
Una: entra el tuit y con él el argumento demográfico. La generación mayoritaria puede hacer ruido, pero no mueve los precios.
Dos: entra el
índice Bernardo, la tesis de que este hombre acierta tan poco que equivocarse a su lado sale rentable.
Tres: los primeros en aceptar la parte incómoda son los propios aludidos de 52 a 60. Uno lo escribe sin anestesia: seguirá remando una década más y hasta le apetece el ajuste cuanto antes.
Lo que se cae de la conversación es la pregunta abstracta de si el consejo es bueno o malo. Se da por hecho que en provincias sí y en las capitales no. El desacuerdo está en si eso es un dato o una excusa.
El que rema de verdad
El forero de 52 años es el que más concreta. Treinta años cotizados, compañeros saliendo a los 61 con el contrato relevo, buen trabajo y una frase que resume media página: madrugar con más de 62 solo para ir a pescar, no. No pide rescate ni dice que la vivienda sea barata. Dice que él sigue.
Enfrente, el que sí ve un problema de actitud pero lo coloca donde no toca: el gasto de cenar y de irse de vacaciones, dice, es ridículo al lado del alquiler.
El tramo se cierra sin ganador. Dos vídeos enlazados, un tuit, la lista de pronósticos otra vez circulando y la misma pregunta dando vueltas: no es cuánto cuesta, es dónde está.