Ucrania gana Eurovisión 2022 entre acusaciones de voto político
¿Ganó Ucrania Eurovisión por la canción o por la guerra? La pregunta se instaló en la conversación antes de que se abrieran los sobres. El certamen de 2022 terminó con
Ucrania en lo más alto y con España logrando, de la mano de
Chanel, el mejor resultado de los últimos años, según coinciden varios análisis. También terminó con un reguero de acusaciones de
tongazo, voto político y bloques de vecindad que nadie ha desmentido con datos. La victoria se daba por hecha de antemano.
En un contexto en el que la
guerra de Ucrania se sigue al minuto, la final se leyó como un capítulo más del conflicto. Tanto que la reacción más repetida fue la ironía: felicitaciones por una sorpresa que, decían, no sorprendió a nadie.
¿Por qué nadie se sorprendió de la victoria ucraniana?
Porque se daba por cantada. Aquí la coincidencia es amplia: el resultado estaba decidido antes de la gala. Se repite una secuencia temporal que alimenta la sospecha:
2004, 2016 y 2022, tres victorias ucranianas que coinciden, según esa lectura, con la revolución naranja, el referéndum de Crimea y la guerra. La conclusión que saca buena parte del público es que el festival funciona como termómetro político, no como concurso de canciones.
La ironía sustituye al asombro: «Enhorabuena, nadie lo podía imaginar». Otros lo resumen en una frase: estaba «más cantado que el final de un episodio del Equipo A». Y un tercer grupo sube un escalón: si el ganador se conoce de antemano, el espectáculo pierde su razón de ser.
El mapa del voto: vecinos, jurado y miles de SMS
El mecanismo que se describe con más detalle es el del voto por proximidad. Existe un intercambio de puntos entre países vecinos que se repite cada año, pero esta vez se habría notado un patrón nuevo: los países que rodean Ucrania, hasta Moldavia, habrían dado los doce puntos del jurado a la candidatura ucraniana, algo que antes no se producía de forma tan agrupada. A eso se suma la sospecha de que alguien envió miles de mensajes desde fuera del país, lo que convertiría el resultado en algo evidente y hasta investigable, según uno de los análisis más desarrollados.
La explicación alternativa no necesita tongo:
la puesta en escena y una coreografía espectacular habrían bastado. Otros añaden un argumento puramente musical, con la candidatura sueca como mejor canción, y un tercer grupo sostiene que el festival, en realidad, ni se sigue ni interesa.
Chanel y el mejor resultado español en años
España firmó su mejor puesto en años, y la lectura más repetida lo atribuye tanto al oficio de la intérprete como al efecto de una coreografía que se comía la pantalla. No es exageración propia: la cuenta oficial del certamen destacó la actuación de Chanel como
booty hypnotic. Para unos fue el mejor momento de la noche; para otros, la prueba de que el concurso premia el espectáculo por encima de la voz.
Ahí se abre otra grieta:
la representación. Una parte del público separa a la artista de la bandera: reconoce el mérito de cantar y bailar a la vez, pero niega que la propuesta represente al país. Como artista, se dice, ningún problema; como español, ni la cantante ni su canción representan a quien lo escribe. Esa postura convive, sin pudor, con la celebración del mejor resultado en años.
De la gala a la OTAN: cuando todo se lee como geopolítica
La victoria salió del escenario. La OTAN felicitó a Ucrania por su triunfo en Eurovisión y, en paralelo, abordó su ampliación, según recogía la prensa. En la misma línea, un comentarista conocido sostuvo que Ucrania ganó gracias al voto externo, trazó un paralelismo con otras citas electorales y mencionó a Soros, sin aportar ninguna prueba de lo que sugería.
Los materiales que alimentan esa lectura son de naturaleza desigual y discutida: que Francia y Alemania, señaladas como las más tibias con la intervención de la OTAN, quedaran en las últimas posiciones; que un grupo fuera sancionado por exhibir una bandera palestina mientras otra candidatura recibía un respaldo masivo. Son observaciones de aficionados, no verificaciones.
¿Dónde se celebra el año que viene?
La pregunta tiene trampa, y la respuesta más repetida es una broma logística: si al país ganador no le quedan tablas para montar el escenario, siempre se puede organizar por videollamada. Alguien lanza incluso otra duda geográfica de difícil encaje: qué pinta Australia compitiendo aquí.
Con o sin videollamada, el festival ya ha cumplido su función de este año: dejar claro que el voto más previsible fue el que nadie llegó a contar.