Colombia entierra el petrismo: ¿qué cambia en economía?
La llegada de Abelardo a la presidencia colombiana supone un terremoto político que trasciende lo electoral. El llamado “petrismo” –el proyecto de Gustavo Petro– pasa a los anales de la historia, y con él, su hoja de ruta económica. Los mercados llevaban meses descontando un cambio de rumbo, y la victoria del candidato conservador ha disparado el optimismo en los sectores financiero y energético. Sin embargo, la herencia recibida es compleja: inflación elevada, déficit fiscal y una polarización social que no se borra con un resultado electoral.
El giro en política fiscal y energética
Abelardo ha prometido revertir las reformas más controvertidas de Petro, especialmente en materia de hidrocarburos. Colombia, tradicionalmente dependiente del petróleo y el carbón, había visto cómo el anterior gobierno apostaba por una transición energética acelerada que desincentivó la inversión extranjera. Con el nuevo mandato, las expectativas de nuevas licencias de exploración y la estabilidad regulatoria han vuelto a poner a la moneda colombiana en modo alcista. No obstante, el equilibrio fiscal sigue siendo precario, y los mercados exigirán resultados concretos antes de cantar victoria.
La sombra de la deuda y el gasto social
Uno de los puntos más espinosos es la sostenibilidad de las cuentas públicas. Petro incrementó el gasto social de forma significativa, apelando a una narrativa de justicia distributiva que ahora Abelardo deberá gestionar. Reducir el déficit sin generar un estallido social es el desafío. Hay quien sostiene que, con una reforma tributaria moderada y la reactivación de la inversión privada, es posible sanear las finanzas sin recortes drásticos. Otros, más escépticos, creen que el ajuste será inevitable y que las primeras medidas serán dolorosas para las clases medias.
Perspectivas a corto plazo
Los analistas coinciden en que el margen de maniobra es estrecho. La inercia del petrismo aún pesa en la economía real, y los efectos de cualquier reforma tardarán meses en notarse. Lo que está claro es que el ciclo político ha virado, y con él, las expectativas de los agentes económicos. La pregunta que queda en el aire es si Abelardo logrará traducir el entusiasmo inicial en resultados sostenibles o si, como otros líderes “antipetristas”, se estrellará contra la realidad de una economía estructuralmente débil.