«Galicia no es el lugar más lluvioso del mundo»: el criterio que lo desmonta
El titular que sitúa Galicia como el lugar más lluvioso del planeta se apoya, según un cálculo que circula en el debate, en un criterio tan elástico como discutible: comparar la lluvia caída con la media histórica de cada zona. Bajo esa vara de medir, cualquier territorio que reciba un año anómalo se corona. El problema es que el noroeste peninsular no necesita exageraciones para ser un lugar incómodo seis meses al año. Lo que sí necesita es que alguien ponga los números encima de la mesa.
El récord de España no está en Galicia
El pueblo de Grazalema, en la sierra de Cádiz, ostenta el récord nacional de precipitaciones con una media anual de 1.962 mm, según los datos que se manejan en el sector. La sierra actúa como barrera natural para los vientos húmedos procedentes del Atlántico, un efecto orográfico que dispara las cifras muy por encima de lo que recoge la comunidad gallega. Es decir: el podio español de la lluvia no está donde el titular lo coloca.
A escala global, la comparación se vuelve directamente ridícula. En el pueblo indio de Mawsynram, en el estado de Meghalaya, cayeron 26.000 litros por metro cuadrado en 1985 y la pluviometría media anual ronda los 11.000 litros por metro cuadrado, según los datos citados en el debate. Cualquier ranking serio deja a Galicia fuera de la conversación. Otra cosa es que el clima gallego sea desagradable, que lo es, pero eso no lo convierte en un récord planetario.
El coste humano de seis meses de lluvia
El relato de quien ha pasado inviernos enteros en la comunidad es demoledor. Se describe a una población empastillada, con artrosis y problemas articulares, y con una cara de amargura que se nota en la calle. La humedad ambiental alta, combinada con el frío, intensifica el dolor en articulaciones previamente inflamadas o degeneradas, provoca rigidez y sensación de pesadez. No es una leyenda urbana: las caídas de presión atmosférica asociadas a la humedad expanden los tejidos articulares y generan molestias reales.
La comparación con otros destinos es inevitable. Quien ha vivido temporadas en Almería, Cádiz, Lanzarote, Cuba o Senegal lo tiene claro: prefiere esos lugares, con todas sus carencias, al invierno gallego. El argumento no es solo meteorológico. Es de salud, de ánimo y de calidad de vida. Y explica por qué mucha gente organiza su vida para venir en junio y marcharse a mediados de septiembre.
El turismo no huye: los datos lo desmienten
Galicia cerró el primer trimestre de 2025 como el séptimo destino turístico más elegido por los viajeros nacionales, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística. Entre enero y marzo, la comunidad recibió cerca de 1,5 millones de viajes procedentes de otras partes de España, lo que representa un 4,3 % del total nacional. Tres ciudades gallegas aparecen en el ranking de los 45 destinos favoritos elaborado por Jetcost.
El dato desmonta la tesis de que el clima ahuyenta al visitante. Otra cosa es que atraiga al residente permanente. La brecha entre turismo y residencia es el nudo del asunto: se visita lo que no se habita. Y ahí el clima pesa, pero también el precio de la vivienda, el empleo y los servicios.
La humedad que cala en los huesos y en el ánimo
El invierno gallego tiene una estructura reconocible: temporales atlánticos con lluvia abundante y fuertes vientos del suroeste que duran seis o siete días, seguidos de un par de días de tregua y vuelta a empezar. Los tejados nunca dejan de gotear. La lluvia empieza a principios de septiembre y solo se interrumpe con el veranillo de San Martiño y unas pocas semanas de heladas entre finales de diciembre y febrero.
Esa monotonía es la que agota. No es la cantidad de agua, es la persistencia. Y es ahí donde el titular del récord mundial falla por la base: confunde intensidad con frecuencia, anomalía con normalidad. El clima gallego no es el más lluvioso del planeta, pero sí uno de los más cansados de aguantar.
Con estos mimbres, el debate sobre si Galicia es el lugar más lluvioso del mundo se queda sin argumento. Otra cosa es si merece la pena vivir allí. Eso no lo resuelve ningún ranking.