El Banco de España revisa contactos por posible fuga de depósitos
Una directora de sucursal de una entidad catalana en un pueblo del sur de Madrid comentó en una conversación privada que la oficina perdió depósitos por seis cifras en una sola jornada, según relató un participante del debate. No es un caso aislado. En el mismo tramo de conversación, un cliente afirma que ha retirado
20.000 euros de una cooperativa de crédito catalana y prepara una segunda extracción de 8.000. Otro dice que vació su cuenta en La Caixa y dejó solo el saldo justo para que le pasen la hipoteca. El patrón que describen: transferencias discretas, saldos mínimos, cuentas que se vacían sin cerrarse del todo.
La pregunta que sobrevuela es sencilla y nadie la responde con datos oficiales:
¿se está yendo el dinero de las entidades catalanas? El Banco de España activó una ronda de contactos con las entidades para revisar que no hubiera fuga de depósitos, según el planteamiento que abrió la conversación. A partir de ahí, cada cual arrima el ascua a su sardina.
Qué dicen los que niegan la fuga
Hay una corriente que sostiene que la fuga no existe. «No hay ninguna fuga de depósitos», se afirma sin más. El argumento implícito es que los movimientos detectados son ruido estadístico, no un fenómeno relevante. Frente a eso, la evidencia que circula en sentido contrario es de otro tipo: no macro, sino de mostrador.
Transferencias que llegan, saldos que se desploman, objetivos anuales que se cubren en días.
Un participante dice que un conocido que trabaja en una entidad no catalana le contó que en su oficina han cubierto los objetivos del año en cuestión de días y que la red informática se cayó por la carga de trabajo extra. Los técnicos, según ese relato, lo achacaron a la sobrecarga. Es el tipo de dato que no sale en las notas de prensa pero que dibuja una realidad bastante más movida que la del comunicado oficial.
El miedo a despertarse con pujolets
El motor de todo esto no es financiero, es político. El temor concreto que empuja a la gente a mover su dinero es el escenario de una
Cataluña fuera del euro. «La gente anda acojonada imaginando sus ahorros de toda la vida convertidos a pujolets de la noche a la mañana», resume una intervención. La referencia al pujol como moneda hipotética se repite con sorna, pero el trasfondo es serio: si la comunidad sale de la zona euro, ¿qué pasa con los depósitos?
La respuesta técnica que se da en la conversación es incómoda:
los depósitos desaparecen, los créditos se mantienen. Es decir, el pasivo se esfuma y el activo se queda. Un cliente con depósito a plazo fijo en una oficina catalana de una entidad no catalana pregunta directamente cómo le afectaría un corralito. La respuesta que recibe es un ejemplo: como a un argentino que en su día tuvo un depósito en una oficina de un banco español en Buenos Aires.
Acorralado.Dónde se está moviendo el dinero
Los destinos se repiten. Entidades sin sede en Cataluña, bancos online, cooperativas de crédito de otras comunidades. Un cliente de una cooperativa de crédito catalana explica que escribió a la dirección preguntando por el plan de contingencia en caso de independencia y que no recibió respuesta. En la anterior intentona secesionista sí enviaron una circular tranquilizadora. Esta vez, nada. Eso, dice, fue lo que le decidió.
El cálculo de rentabilidad también entra en juego. Con nómina domiciliada, hay quien sostiene que una cuenta remunerada de un banco no catalán sale más rentable que las alternativas de la competencia, sobre todo para saldos medios de 6.000 euros o más. Tres compañeros de trabajo se dieron de baja de una entidad catalana y se pasaron a otra, según el relato de un participante. El goteo no es solo de grandes patrimonios: también de nóminas.
El relato de la normalidad se agrieta
El contraste entre el discurso oficial y lo que se ve en las oficinas es el hilo conductor de toda la conversación. Un economista de renombre dijo en 2011 que habría intervención de cuentas bancarias «en todas partes». En 2017, el mismo dijo que un corralito era imposible en Cataluña. La hemeroteca, como siempre, es implacable.
Mientras, en las sedes se respira tensión. Un vecino que trabaja en la sede de un banco catalán en Sant Cugat describe mañanas enteras de reuniones urgentes y llamadas al Ministerio. Los jefes, dice, están acojinados. No es un dato contable, pero es un indicador.
Cuando los que gestionan el dinero están nerviosos, el dinero lo nota.Qué pasa con las acciones y con el BCE
En el plano bursátil, la lectura es más fría. Un rebote de un día no significa nada: hay que mirar la capitalización, no la volatilidad de una sesión. Las subidas acumuladas en el año pesan más que las caídas de la última semana. Y el traslado de sede social a Madrid cambia el marco: las entidades pasan a operar bajo la protección y liquidez del BCE. Eso explica parte del rebote, no que el problema esté resuelto.
Si la gente sigue sacando dinero, las caídas pueden volver. La clave no está en el gráfico de hoy, sino en si el goteo de depósitos se convierte en sangría. Y ahí, los datos oficiales brillan por su ausencia.
Al final, la anécdota que mejor resume todo esto no es un gráfico ni un comunicado. Es un cliente que dejó tres euros en su cuenta de un banco catalán «por si se arregla la cosa». Tres euros. El mínimo para que la cuenta no se cierre.
Ese es el termómetro real de la confianza: lo que la gente deja, no lo que dice que deja.