El gran angular entra en la pelea por las fotos de las Falleras
El hilo cambia de sospechoso. En los mensajes de hoy,
23 de septiembre, entra una teoría que no había aparecido hasta ahora: puede que no haya retoque, sino un objetivo pegado a la cara. Y con ella llega el primer argumento en serio contra la idea de que el culpable sea el peinado de rodetes.
Qué se ha sabido
Lo más concreto que se pega en este tramo es un enlace. Un forero trae la pieza de Levante-EMV sobre
la historia personal de las 73 candidatas a Fallera Mayor de València 2027. La cifra sirve para medir la muestra:
73 retratos, todos con el mismo encuadre, la misma luz y el mismo tipo de sonrisa.
El resto son teorías, y una es nueva. Un participante asegura que el problema no está en la edición: «Eso no es retoque. Es un gran angular desde muy cerca con mala luz». Y remata por su cuenta: un fotógrafo nefasto que estará ahí por ser sobrino de alguien.
También se pregunta por el dinero. Un mensaje quiere saber cuánto se cobra por un montaje así, hecho con IA en una tarde. Da por hecho que salió rápido y barato, aunque nadie aporta precios.
Y hay quien directamente se rinde: «Soy incapaz de distinguir entre retoque digital y maquillaje de tres capas aplicado a paletina y llana».
Dónde está la bronca
Cuatro frentes abiertos y ninguna prueba.
El de siempre, el retoque: «Al fotógrafo se le ha ido mucho la mano con el retoque». De ahí sale el diagnóstico técnico que más se repite: las transiciones entre rostros dejan a la vista quién tiene los ojos más separados, y eso acentúa cada rasgo por su cuenta.
El de la IA: «Eso tiene que ser IA hay varias con los mismos dientes». La dentadura repetida es el argumento estrella de esta parte y no se mueve en todo el día.
El del montaje. Aquí coinciden casi todos, incluidos los que no se ponen de acuerdo en la causa: «Parece que hayan pegado el mismo rostro en distintos cráneos». Misma puesta en escena, mismo tipo de cara.
Y el del peinado, que es donde entra el giro del día. Un forero sostiene que «si el problema no es de las falleras, el problema es de ese peinado que les tensa la cara de una forma que no es normal». Él mismo ironiza con que a las candidatas les sujetan el pelo con eslingas. La respuesta llega rápida y va en dirección contraria:
el peinado no afea, descubre. O sea, que el maquillaje, los filtros, las poses y la ropa hacen creer que hay más belleza de la que hay. Ese mensaje engancha con el que sostiene que el 90% del resultado se decide en el retoque, no en el rostro.
Aparte de la técnica, el hilo se parte por el tono. Buena parte de los mensajes de hoy se dedica a repartir el físico de las candidatas, con comparaciones y salidas de tono que aquí no se reproducen. Uno lo corta con un
todas feas tampoco son y con el enlace de las 73. Otro sostiene que las que salen bien son tres o cuatro, un porcentaje bajo de la muestra. Varios comparan las caras del montaje con escenas de cine de terror, y lo dicen del retoque, no de las chicas. Y un puñado de mensajes, sin entrar en la edición, se queja de que la muestra no sea diversa.
Las teorías, una a una
Retoque mal ejecutado: quien lo firma se ha pasado con la herramienta.
Generación con IA: la pista es la dentadura repetida en varias caras.
Gran angular y mala luz: la culpa es de quien dispara, no del programa.
Rodetes: el tocado tensa y la sonrisa se queda fija.
Ninguna está demostrada. Nadie ha medido el retoque ni ha encontrado la herramienta que lo habría generado.
Qué cambia respecto a antes
La novedad es el gran angular: por primera vez se discute la óptica y no la edición, y eso mueve la culpa del programa al fotógrafo. También se abre camino el argumento de que el peinado no quita belleza, solo la deja ver, lo contrario de lo que sostiene la corriente mayoritaria. Y entra la cifra:
73 candidatas, que es lo único que se puede contar. En este tramo tampoco aparece un nombre: nadie dice quién firma las fotos.
Lo que no cambia: nadie ha medido cuánto hay de retoque y cuánto de foto. El día acaba con las mismas teorías, una pregunta nueva sobre el precio y la certeza de que la próxima entrega volverá a empezar por el principio.