Feijóo tiene 62 años: debate sobre la edad para presidir
Alberto Núñez Feijóo tiene 62 años. Si no hay repetición electoral y no llega a La Moncloa en esta legislatura, la próxima cita con las urnas le pillaría con más de 65. Y ahí arranca una discusión que lleva 1.102 días abierta: ¿hay una edad límite para presidir el
Gobierno de España? El dato que se repite es incómodo para el líder del PP: según un cálculo que circula, ninguno de los presidentes recientes llegó al cargo con esa edad. Sánchez lo hizo con 46, Rajoy con 56 tras presentarse tres veces, Zapatero con 44, Aznar con 43 y Felipe González con 40. Todos lo intentaron antes de cumplir los 50. Los que no lo lograron —Fraga, Rubalcaba— también arrastraban una edad que se sitúa en la frontera de lo que el sistema político español ha premiado.
¿A qué edad han llegado los presidentes del Gobierno de España?
El repaso cronológico que se ha hecho en la discusión es minucioso.
Sánchez fue presidente con 46 años después de presentarse en dos elecciones y ganar una moción de censura.
Rajoy lo fue con 56, pero se había presentado por primera vez con 48.
Zapatero llegó con 44 en sus primeras elecciones, aunque llevaba tres años liderando el PSOE.
Aznar tenía 43 tras tres intentos, el primero con 37. Y
Felipe González, 40, en sus terceras elecciones, la primera vez con 36. La media se queda cerca de los 46. Feijóo, a los 62, rompería ese patrón por arriba.
La comparación con los que no lo consiguieron refuerza la tesis:
Fraga tenía 55 años en su primer intento y 63 en el último.
Rubalcaba se presentó una sola vez, con 60. Ninguno ganó. La conclusión que se extrae es que el sistema español ha encumbrado a presidentes en la cuarentena y ha dejado fuera a los que lo intentaron pasados los 55. No es una regla escrita, pero es una regularidad estadística difícil de ignorar.
La edad como criterio: ¿gerontofobia o experiencia?
La reacción a ese argumento ha sido desigual. Una parte sostiene que
juzgar por la edad es puro edadismo y que los 65 del siglo XXI no son los de hace cuatro décadas. Se cita a Biden con 81 años y a Putin con 71 como prueba de que la edad no inhabilita para gobernar. También se recuerda que en todo Occidente se está retrasando la jubilación y que cada vez más ciudadanos siguen trabajando pasados los 65.
Los 60 son los nuevos 40, resume una de las posturas más repetidas.
Enfrente, el argumento no es tanto la incapacidad física como la
falta de recorrido político. Feijóo ya ha sido presidente autonómico, senador, diputado y ha ocupado cargos en empresas públicas. La pregunta no es si puede gobernar, sino cuánto tiempo puede hacerlo. Si no es ahora, ¿cuándo? Y si no es él, ¿quién? La discusión deriva hacia el futuro del PP y hacia el nombre que suena con más fuerza:
Isabel Díaz Ayuso.
El cálculo económico: tres sueldos y cuatro años
Hay un ángulo que ha aparecido con fuerza: el económico.
Feijóo cobra tres retribuciones —una como diputado, otra como jefe del grupo parlamentario y otra del partido—, lo que le permitiría aguantar cuatro años en la oposición sin urgencias financieras. Es una forma de recordar que la política profesional tiene una red de seguridad que no tiene el ciudadano medio. El cálculo completo, desglosado partida a partida, da una cifra que sorprende a quien no está familiarizado con la estructura retributiva de los grupos parlamentarios.
Ese detalle conecta con una crítica más amplia: la de que la política se ha convertido en una carrera de larga duración donde los relevos se producen por agotamiento o por cálculo, no por resultados. Feijóo, a los 62, no tiene incentivos materiales para irse. Tiene incentivos políticos, que son otra cosa.
¿Qué pasaría con el PP si Feijóo no da el paso?
La discusión sobre la sucesión está sobre la mesa.
Ayuso aparece como la candidata natural de un sector del partido. También se menciona que Ciudadanos quiere presentarse a las europeas y que la marca está muerta, pero que algunos de sus cuadros podrían reciclarse. La fragmentación del centro-derecha es un tema recurrente: si el PP no absorbe a Vox, el voto útil se dispersa; si lo absorbe, moviliza a la izquierda.
El PP ya no hace unidad, sentencia una de las intervenciones.
El escenario que se dibuja es el de un líder que ha perdido dos oportunidades consecutivas y que, a los 62, afronta una tercera con el reloj en contra. La pregunta no es si Feijóo quiere ser presidente. La pregunta es si su partido cree que puede serlo.
Con estos mimbres, la predicción más razonable es que Feijóo aguante mientras las encuestas le den opciones y que el relevo se produzca, si se produce, antes de las próximas generales. Pero eso es una predicción con reservas: la política española ha demostrado que los guiones se rompen con frecuencia. Lo que no cambia es el dato: 62 años, y ninguno de los presidentes recientes llegó tan tarde.