El censo imposible: quién muere de verdad en los foros de internet
Un
cáncer de colon anunciado en público. Una esquela encontrada en Google. Un usuario que dejó de postear y nadie sabe si cambió de nick o de mundo. En los foros económicos españoles, con casi dos décadas de vida, la pregunta de quién ha muerto y quién solo se ha ido se ha convertido en un ejercicio de arqueología digital donde la mitad de los casos son certezas y la otra mitad, sospechas.
La distinción no es menor. Hay fallecimientos confirmados por familiares, por amigos o por la propia esquela del difunto. Y hay desapariciones que solo son eso: cuentas que dejaron de escribir, sin más prueba que el silencio. La frontera entre el duelo y el rumor la marca, casi siempre, un detalle administrativo: que alguien de fuera del foro pueda verificar que esa persona existió y dejó de existir.
Cómo se confirma que alguien ha muerto
El criterio que se repite es el mismo: la confirmación llega por amigos o conocidos del fallecido, no por el propio foro. Un caso citado es el de un jugador de póker conocido fuera de internet: basta buscar su nombre real en Google para encontrar el rastro público de su muerte. Otro, el de un empresario del aire acondicionado de Valencia que anunció su enfermedad y cuya esquela apareció en la red.
El coronavirus dejó su propia lista. Un participante que escribía sobre inversión y sobre la noche falleció durante la pandemia, según el recuento que se hizo en su momento. Otro, un hombre de unos cincuenta años con cáncer, murió en plena crisis sanitaria. Los nombres se acumulan en una memoria colectiva que funciona a base de retazos.
El problema de los que solo dejan de escribir
La mayoría de las ausencias no son muertes. Son abandonos. Y ahí empieza el terreno pantanoso: cuentas que llevan años sin actividad, usuarios que se cansaron, gente que se marchó huyendo de acoso o de dinámicas tóxicas. Un caso mencionado es el de una participante que dejó de aparecer tras toparse con lo que describió como conductas obsesivas de otros usuarios.
El cálculo pesimista que circula es que, con un foro nacido hacia 2006, la cifra real de fallecidos podría ser altísima y que no se conocería ni el uno por ciento. Es una estimación sin base estadística, pero el orden de magnitud tiene sentido: dos décadas dan para mucho, y la edad media del personal no invita al optimismo.
Hay incluso quien sostiene que algunas cuentas que se dan por muertas son en realidad el mismo individuo con varios alias, y que el silencio de una de ellas no prueba nada. La sospecha del multi-nick planea sobre más de una esquela virtual.
La enfermedad contada en primera persona
El patrón que más se repite es el del usuario que anuncia su propia enfermedad. Un caso documentado es el de un profesional inmobiliario que contó su diagnóstico y lo que le quedaba, aportó datos de su sector y desapareció. Otro, el de un hombre con colitis ulcerosa que sostenía que se podía curar con kéfir y que arremetía contra los médicos que la consideraban incurable.
Estos relatos tienen algo de testamento público. La gente escribe su final en un sitio donde lleva años discutiendo de todo, y deja instrucciones, opiniones y, a veces, hasta el deseo de que alguien avise cuando llegue el momento. Uno de los mensajes más repetidos: «postearé avisando si veo que voy a palmar, será lo último que haga».
El memorial que nadie ha construido
La propuesta de levantar un memorial con ladrillos —una especie de muro de la CIA pero con nombres de cuentas— se quedó en broma. Nadie sabe si hay presupuesto para entierros decentes ni quién los pagaría. La memoria de los caídos se sostiene, de momento, en hilos que se reabren cada cierto tiempo y en la lista informal de nombres que cada cual recuerda.
La pregunta de fondo es incómoda: ¿cuántos de los que dejaron de escribir están muertos y cuántos simplemente se largaron? La respuesta honesta es que no se sabe. Y que probablemente no se sabrá nunca.