El rublo no colapsa: se fortalece y descuadra el presupuesto ruso
El rublo se aprecia, no se hunde, y ese giro es el que ha desordenado el relato. La cifra que circula como certificado de defunción de la economía rusa es la de Gazprom:
1.000 dólares invertidos en la compañía en 2008 valdrían hoy 11. El detalle incómodo es que la divisa se ha movido justo al revés: de los
114 rublos por dólar de un cálculo reciente a los
80 que se citan como referencia, con el presupuesto estatal elaborado sobre 96,5. Apreciación, no derrumbe. Así que la pregunta útil ya no es si el rublo colapsa, sino a quién le duele que suba.
¿Se está hundiendo el rublo o se está fortaleciendo?
Se está fortaleciendo, y hay números para sostenerlo. El dólar pasó de 93 rublos hace un año a 82, un 12% por debajo; en el tramo más reciente se citan incluso 80 rublos por dólar. La apreciación ha sido tan marcada que la propia recuperación ha sorprendido en Moscú, hasta el punto de que
la divisa rusa bate al oro en 2025 según los titulares que se han compartido. La contrapartida llega por el control de cambios: hay quien sostiene que el gráfico está domesticado porque los cambios de divisas llevan cerrados hasta final de año. Sin cotización libre, el tipo de cambio dice menos de lo que aparenta.
El barril ruso: de 8.000 rublos a 4.000
Aquí está la aritmética que desmonta buena parte del ruido. Antes, con el crudo Urales a 70 dólares y el dólar a 114 rublos, cada barril dejaba
8.000 rublos. Ahora, con el barril a 50 dólares y el dólar a 80, deja
4.000. Da igual mirar el precio o mirar la divisa: el ingreso por barril se ha partido por la mitad. Una parte del análisis concluye que Rusia cobrará la mitad por lo mismo; la otra replica que el culpable no es el tipo de cambio, sino el precio del crudo. El desglose completo, cruzando barril y divisa partida a partida, deja un margen que sorprende.
¿Por qué un rublo fuerte es un problema para Rusia?
La sobrevaluación empeora los indicadores financieros y las perspectivas de los exportadores, y golpea los ingresos del presupuesto estatal, según el analista Dmitry Babin, de BCS World of Investments. El Ejecutivo ruso elaboró sus cuentas para 2025 con un tipo de cambio medio de
96,5 rublos por dólar: cada rublo que se aprecia por debajo de esa referencia deja menos dinero en caja por cada dólar exportado. En el otro plato de la balanza, el rendimiento del bono ruso a un año se cita en el
12,5% y se calcula una tasa equivalente del 20% en dólares. Un país que paga eso por financiarse no está nadando en la abundancia.
La devaluación que no tumba una economía de materias primas
El contraargumento tiene su lógica. El comercio exterior ruso es venta de materias primas cotizadas en dólares, el Estado gasta en rublos y cobra en divisa, de modo que una devaluación nominal no rompe el circuito: incluso puede dejar superávit. El precedente que se repite es 2014, cuando el rublo llegó a perder dos tercios de su valor sin el hundimiento anunciado. Con las sanciones, además, no es fácil comprar rublos, así que el tipo de cambio refleja una demanda intervenida más que la salud de la economía. Que la divisa valga menos en el mercado no implica que el país produzca menos.
Alemania cierra plantas y Rusia presume de supermercado barato
El contraste que más incomoda no viene de Moscú. Thyssenkrupp, Bosch y Volkswagen recortan miles de puestos y cierran plantas en Alemania tras perder el acceso a energía cercana y barata. Enfrente, circulan vídeos de supermercados rusos con precios a un tercio o la mitad de los occidentales y comparaciones cotidianas que suenan a provocación: un trabajador joven que no comparte piso, un fontanero que cruza medio país con su coche. Son anécdotas, no estadísticas. Pero explican por qué la conversación se ha desplazado del colapso ruso a la recesión europea.
Tres años de colapso inminente y una divisa que sube y baja
La paradoja se resume en una frase que circula: cuando el rublo baja, es la prueba del desastre; cuando sube, también. Si Rusia quiere la paz, está al límite; si no la quiere, necesita la guerra para sostener su economía. Los vaticinios de derrumbe llevan casi tres años repitiéndose con el mismo tono, y en ese tiempo hubo desplomes, rebotes a máximos no vistos desde 2015 y nuevas caídas. Lo que sí ha cambiado es el terreno: Europa recorta empleo industrial, el crudo se abarata y la divisa rusa se aprecia.
Si el petróleo sigue bajando y el rublo se mantiene fuerte, el desajuste de las cuentas públicas rusas se estrechará todavía más. Hasta cuándo aguanta una economía que gasta en rublos y cobra en dólares es algo que nadie ha demostrado aún, ni en una dirección ni en la contraria.