Soldados rusos vuelan posiciones ucranianas con minas antitanque
La táctica que deja obsoletos los equipos de fantasía
Un soldado ruso lanza una mochila cargada de minas antitanque contra un sótano donde se refugian soldados ucranianos en la aldea de Glubokoe, región de Jarkov. La explosión derrumba el suelo. No es un caso aislado. En Dachnoye, Rodinske y Slaviansk se repite el patrón: minas antitanque usadas como cargas de demolición lanzadas a mano, después de que los drones no lograran desalojar a los defensores. La guerra de Ucrania está revelando que la tecnología punta no siempre gana batallas.
Mientras Occidente vendía al soldado del siglo XXI equipado con sistemas FELIN (miras térmicas, cámaras para disparar desde esquinas), la realidad del frente es muy distinta. Un dron de 20 euros localiza a un pelotón con ese equipo, y una mina antitanque lanzada a mano lo borra del mapa. El coste de un equipo FELIN ronda los miles de euros; el de una mina, unos pocos cientos. La relación coste-efectividad se inclina hacia lo simple y potente.
Las críticas a los soldados rusos y ucranianos abundan, pero hay un consenso incómodo: la infantería rusa, curtida en combate real, está demostrando una capacidad de adaptación que sus homólogos occidentales no han tenido que desarrollar. Mientras tanto, la guerra sigue su curso, y las "ardilla" en sus madrigueras siguen siendo eliminadas con métodos que ningún general había previsto.
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