La gestión activa no bate al mercado, pero sigue vendiendo humo
¿Merece la pena pagar un 1,5% anual por una rentabilidad que, encima, no supera al índice? La evidencia empírica es demoledora, pero el sector financiero sigue colocando fondos activos como si el tiempo no hubiera pasado.
El problema de las comisiones
El primer obstáculo es el coste. Los fondos de gestión activa cobran entre un 1% y un 2% anual, frente al 0,2% o menos de un ETF indexado. A largo plazo, esa diferencia se come una parte sustancial de la rentabilidad. Con un 2% de comisión, en 30 años el inversor se deja más de un tercio del capital potencial.
Pero el problema no es solo el coste: la mayoría de los activos ni siquiera logran batir al mercado. Un repaso a las carteras revela que muchos replican de facto el S&P 500 o el MSCI World, pero con peor resultado después de gastos. El inversor paga por una ilusión de selección que no existe.
Alternativas que sí funcionan
Frente a la gestión activa tradicional, ha ganado peso la idea de usar ETFs igual ponderados, como el S&P 500 Equal Weight. Evitan la sobre exposición a las megacaps tecnológicas que distorsionan el índice capitalizado (Nvidia, Microsoft, Google) y ofrecen una diversificación real sin costes elevados.
Todo el ruido de los gurús del «value», los análisis de PER, ROIC y velas japonesas acaba estrellándose contra un hecho simple: meter los ahorros en un indexado y dejar pasar el tiempo funciona mejor que el 90% de los gestores. Incluso los casos mediáticos como el de Paramés —el «Buffett español»— han demostrado que las rentabilidades pasadas no garantizan nada.
Hay quien defiende que la gestión activa puede tener sentido en sectores muy concretos. Un inversor menciona su experimento con el fondo Water Panda Agriculture de Marc Garrigasait (Gesiuris), centrado en agua y agricultura: desde 2020 acumula un +30% (4,5% anualizado). No es horrible, pero dos ETFs de otros sectores lo han hecho mejor. Y eso sin contar el riesgo de concentración.
La moraleja
A largo plazo, el indexado gana porque nadie la puede cagar. En la activa, alguien va a terminar liándola. Y encima te cobran por ello. Total, para eso ya están los gastos de gestión.