Apuñalado un joven de 18 años en la celebración argentina de Sol: tres detenidos y cargas policiales
La noche del jueves, miles de aficionados argentinos tomaron la Puerta del Sol para celebrar el pase de su selección a la final del Mundial 2026 tras vencer a Inglaterra. La fiesta se torció pasadas las cinco y media de la madrugada. Un joven italo-argentino de 18 años fue apuñalado dos veces —en el cuello y en un brazo— durante una pelea entre grupos. Tres personas fueron detenidas en distintos incidentes, entre ellas un español de 24 años que aún tenía las manos manchadas de sangre cuando lo arrestaron, según testigos.
Una pelea que no fue aislada
La trifulca en Sol no fue el único incidente. En la plaza de Isabel II también se registraron enfrentamientos que requirieron la intervención policial. Los agentes cargaron contra grupos de aficionados que, según fuentes del debate, insultaban y lanzaban objetos. Mientras, en las redes empezaron a circular comparaciones incómodas: cuando España ganó el Mundial de 2010, las celebraciones en Madrid fueron masivas pero no dejaron heridos por arma blanca. La pregunta que flota es si el problema es futbolístico o algo más estructural.
Dos lecturas de un mismo suceso
Por un lado, hay quien sostiene que la violencia en el fútbol argentino es endémica y que estos episodios son la exportación de una cultura de barras bravas que nada tiene que ver con la inmigración. La experiencia en campos de River o Boca, donde las peleas con navajas son habituales, avalaría esa tesis. Por otro, un sector señala que la concentración de aficionados extranjeros en el centro de Madrid sin un dispositivo de seguridad proporcionado es una bomba de relojería. «No se puede estar en la calle de madrugada con semejante mezcla», resume una de las intervenciones más repetidas.
El coste de la fiesta
Más allá del drama personal, el incidente tiene una derivada económica: el coste del despliegue policial extraordinario, la atención hospitalaria y el impacto en la percepción de seguridad del centro de la capital. Madrid compite por atraer turismo y eventos internacionales; imágenes de apuñalamientos y cargas no ayudan. Algunos análisis apuntan a que la saturación de la Puerta del Sol durante las madrugadas de grandes celebraciones —sin controles de acceso ni separación de grupos— es una invitación al caos.
Mientras la selección argentina se prepara para la final del domingo, Madrid se pregunta si el coste de albergar celebraciones multitudinarias sin un plan específico empieza a ser demasiado alto. Y si, como apunta un dato incómodo, la única forma de evitarlo es trasladar estas concentraciones a espacios controlados. La respuesta, a la fecha de esta discusión, sigue abierta.