Felipe VI viaja a Finlandia y Ceuta se queda sin gesto
La visita de Felipe VI a Finlandia ocupa la agenda institucional mientras
Ceuta, a un paso del Estrecho y con problemas de seguridad sobre la mesa, sigue sin una visita del jefe del Estado que marque posición. El contraste —un país nórdico que entra en el radar y una frontera española enquistada en la lista de agravios— explica el malestar que, según los participantes en el debate, recorre estos días la política exterior.
¿Qué se discute con el viaje del rey a Finlandia?
Una corriente sostiene que el desplazamiento responde a la lógica de la
OTAN y que España actúa como correa de transmisión de intereses ajenos. Enfrente pesa el argumento contrario: Finlandia es socio europeo y la agenda internacional del jefe del Estado es parte de su función. La crítica no apunta tanto al destino como a la prioridad. ¿Por qué Helsinki sí y Ceuta no?
Asoma ahí la vieja tesis de la
neutralidad, con
Eduardo Dato y Franco como precedentes de no intervención en los conflictos europeos. El gasto comprometido en Ucrania se contrasta mal, se argumenta, con la desatención de la frontera sur. No es un cálculo contable: es un reproche político envuelto en cifras.
El 12 de octubre y la protesta contra los militares
Hay quien anticipa abucheos a los militares en los actos del
12 de octubre y hay quien responde que el reproche debe dirigirse a los responsables políticos, no a quienes cumplen órdenes. Con Ceuta mucho más cerca que Finlandia, la duda que queda abierta es si el orden de prioridades institucionales obedece a la seguridad o a la diplomacia. Nadie lo cierra del todo.