Felipe González, el presidente que desindustrializó España
¿Fue Felipe González un presidente nefasto para España? La pregunta, que lleva décadas sin respuesta pacífica, vuelve con fuerza cada vez que un expresidente socialista ocupa el foco mediático. El balance que se le atribuye es demoledor: desindustrialización, paro superior al 20% al dejar el Gobierno, la entrada en la OTAN tras prometer lo contrario, la politización de la Justicia y de las Cajas de Ahorros, y una lista de escándalos que va de Filesa a Roldán. La discusión no es nueva, pero el material acumulado permite ordenar los cargos.
La reconversión industrial y el tratado de adhesión a la UE
El primer cargo es económico y tiene nombre propio: el tratado de adhesión a la Unión Europea. La tesis que circula sostiene que aquel acuerdo benefició a la industria de Alemania, Francia y Holanda en perjuicio de la española, y que esa es la causa profunda del paro estructural. La reconversión industrial, añaden, desmanteló buena parte del tejido fabril por exigencia comunitaria para no hacer la competencia a los socios. El resultado, según esta lectura, fue una economía volcada en hostelería y pequeño comercio, incapaz de absorber toda la demanda de trabajo.
Frente a eso, hay quien responde que lo que ocurrió es más prosaico: se acabaron las subvenciones estatales a empresas industriales y los españoles, cuando pudieron, compraron coches franceses o alemanes. La mejor política industrial, llegó a decir un ministro de Economía de la época, es la que no existe. El país de camareros y el chiringuito de Europa no sería un accidente, sino una elección.
El paro, los contratos basura y las empresas de trabajo temporal
Cuando González dejó el Gobierno, el paro superaba el
20%. Ese es el dato que más se repite. A él se añade la generalización de las empresas de trabajo temporal, que se quedaban con buena parte de lo que ganaba el trabajador, y el fomento de los llamados contratos basura. La precariedad, sostiene esta corriente, no fue un efecto colateral: fue política.
La comparación con otros mandatos aparece pronto. Cuantitativamente, hay quien sitúa a González incluso por delante de Zapatero en destrucción de empleo. Cualitativamente, el juicio se reserva para Sánchez, al que se atribuye haber atomizado la sociedad. La jerarquía de daños es objeto de disputa, pero el punto de partida —los más de veinte puntos de paro— no lo discute nadie.
OTAN, GAL y la política exterior: las promesas incumplidas
La promesa de sacar a España de la OTAN y el resultado contrario, con manifestaciones por la salida en 1985, es otro de los cargos fijos. A él se suma el establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel, que la izquierda española criticó por el trato al pueblo palestino, y el caso GAL, sobre el que se afirma que no siempre se respetaron los derechos humanos. Sobre el GAL hay una lectura que reparte responsabilidades: habría estado pactado por los dos grupos mayoritarios, y habría sido Aznar quien indultó a la cúpula política implicada, por incompatibilidad con el asentamiento del régimen del 78.
Cajas de Ahorros, Justicia y corrupción: la arquitectura institucional
La Ley de Ordenación y Regulación de las Cajas de Ahorros de 1985 metió a los políticos en las cajas, y a la larga supuso la ruina de estas entidades. La Ley Orgánica del Poder Judicial del mismo año politizó la Justicia: desde entonces son los partidos los que nombran a los jefes de los jueces. De ahí, se argumenta, que los políticos rara vez pisen la cárcel. La lista de escándalos incluye Filesa, Juan Guerra, Roldán, Ibercorp, Cruz Roja, las compraventas de RENFE y el BOE. Un cardenal respetado por la izquierda llegó a decir que había más corrupción con González que con Franco.
LOGSE, presión fiscal y el relato que cambió
En educación, la LOGSE supuso un retroceso y una caída del nivel cultural, según esta lectura, además de crear la escuela concertada y su inyección continua de dinero público en detrimento de la pública, en un partido que presume de laico. La presión fiscal aumentó recayendo sobre las clases populares. Y hay quien va más lejos: la droga en los barrios populares coincidió con la crisis y el desempleo, en una sospecha que el material deja sin cerrar.
Lo llamativo es el giro del relato. Gente de derechas que en los noventa no podía ver a González ahora lo defiende. Y no falta quien sostiene que el verdadero objetivo de atacarle hoy es blanquear a Sánchez por comparación. Cada presidente, resume una frase del material, ha hecho bueno al anterior.
Al final, la pregunta sigue sin respuesta pacífica. Unos ven en González al fundador del régimen y al responsable de la desindustrialización. Otros, un santo varón comparado con lo que vino después. La única cifra que nadie discute es el 20% de paro. Lo demás es interpretación.