Feijóo pide el voto rumano para el candidato proeuropeo
El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha publicado un mensaje en redes sociales en el que se dirige a los ciudadanos rumanos residentes en España para pedirles que el 18 de mayo voten al candidato proeuropeo, identificado como Nicusor Dan, y no a otras opciones. «Los españoles y los rumanos compartimos la defensa de la democracia y la pertenencia a la Unión Europea», escribió. El gesto ha desatado una tormenta: hay quien lo lee como una injerencia en los asuntos internos de otro país y quien recuerda que no es la primera vez que un político extranjero hace campaña fuera de sus fronteras.
Qué ha pasado y por qué se discute
El mensaje es breve, pero abre varios frentes. Feijóo apela a la comunidad rumana en España —una de las más numerosas del país— para que apoye a un candidato que él califica de proeuropeo, frente a lo que el propio mensaje deja entrever como un adversario político. La fecha señalada, el 18 de mayo, sitúa la cita electoral rumana en el calendario.
La reacción no se hizo esperar. Una parte de los comentarios califica el gesto de injerencia extranjera en unos comicios ajenos. Otros recuerdan que el vicepresidente estadounidense JD Vance viajó a Alemania para apoyar a la formación AfD, y que ese precedente se usa ahora como argumento de ida y vuelta: si unos lo hacen, los demás también. La discusión deriva pronto hacia el doble rasero con que se juzgan las intromisiones según quién las firme.
El precedente Vance y el doble rasero
El nombre de JD Vance aparece en el intercambio como espejo. Se sostiene que el vicepresidente estadounidense se reunió en Alemania con la candidata de AfD y pidió el voto para ella, lo que convierte el reproche a Feijóo en una vara de medir selectiva. La respuesta desde el otro lado es que Vance no pide prohibir partidos ni anular elecciones, mientras que en Europa se han tomado decisiones de ese tipo.
El intercambio se enreda con acusaciones cruzadas sobre Rusia y Ucrania. Unos señalan que AfD mantiene vínculos con Moscú y citan detenciones de colaboradores por espionaje. Otros replican que en Ucrania se han prohibido medios y partidos, y que la anulación de unos comicios en Rumanía es la prueba de que la etiqueta de demócrata se reparte según convenga. Ninguna de las dos partes cede.
El voto rumano en España y el candidato alternativo
Más allá del rifirrafe, hay un dato que sobrevuela la conversación: la comunidad rumana en España no es un bloque homogéneo y su voto no está garantizado para nadie. Varios mensajes apuntan a que buena parte de los rumanos residentes apoyarían a la opción nacionalista, identificada con Simion, y no al candidato que Feijóo respalda. Las razones que se citan son el descontento con la guerra de Ucrania, el rechazo a continuar con lo que consideran el mismo sistema y la percepción de que se ha intentado manipular el resultado electoral anterior.
Ese es el punto que más incomoda al cálculo del PP: si el llamamiento no mueve votos, el gesto queda como una foto sin efecto. Y si los comicios rumanos acaban en disputa, el mensaje de Feijóo se leerá en clave de alineamiento con un bando concreto. La conversación deja claro que el electorado rumano en España vota con criterios propios, no con la agenda de un partido español.
El PP como parte del sistema, según sus críticos
El episodio reaviva una crítica recurrente: que el Partido Popular y el PSOE funcionan como las dos patas de un mismo sistema y que el turno entre ambos reproduce un esquema de alternancia sin cambio real. Se argumenta que el PP votó a favor de Ursula von der Leyen y que su europeísmo lo alinea con las políticas que sus votantes dicen rechazar.
La acusación no es nueva, pero aquí encuentra un ejemplo concreto: un líder español movilizando a un electorado extranjero en nombre de la pertenencia a la Unión Europea. Para sus críticos, eso confirma que el PP gestiona el mismo relato que dice combatir. Para sus defensores, es simplemente coherencia con lo que el partido siempre ha defendido.
Qué se juega Feijóo con este mensaje
El llamamiento tiene un coste y un beneficio difíciles de separar. Beneficio: refuerza su perfil proeuropeo ante un electorado español que valora la pertenencia a la UE. Coste: expone al PP a la acusación de injerencia y lo ata al resultado de unos comicios que no controla. Si el candidato que apoya pierde, el mensaje quedará como un error de cálculo.
La fecha del 18 de mayo funciona como plazo. Hasta entonces, el debate seguirá mezclando elecciones rumanas, el precedente Vance, la guerra de Ucrania y la sospecha de pucherazo. Con esos mimbres, es probable que el resultado rumano se lea en clave española antes que rumana. Y que el PP descubra, otra vez, que el electorado al que se dirige no siempre responde al guion.