Feijóo defiende el cine como economía en los Goya y desata el rechazo
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, eligió la gala de los Premios Goya para reivindicar el cine español como sector económico. «Es
cultura, es economía, tenemos que cuidar el cine español», dijo. La frase, pronunciada en un auditorio que algunos asistentes describieron como hostil a su formación, no tardó en convertirse en el detonante de un debate que trasciende la anécdota: ¿es el cine una industria que se sostiene o un sector dependiente de subvenciones?
La respuesta que dio el público asistente fue la que cabía esperar: indiferencia, algún abucheo y muchos ojos en blanco. Feijóo se fue de la gala con la sensación de haber cumplido un trámite y con la certeza de que su mensaje no caló entre los presentes. Pero el eco llegó después, y no precisamente en forma de aplausos.
El cine español como sector subvencionado: los números que nadie enseña
La primera línea de crítica apunta al modelo de financiación. Una parte del sector vive de ayudas públicas directas y de incentivos fiscales que, según los críticos, permiten producir sin riesgo: se cobra antes de rodar, con independencia de que la película funcione en taquilla. Es el «arte de cobrar sobre seguro», en palabras que resumen el malestar de quienes consideran que el cine español se ha convertido en una industria de subvención en lugar de una industria de mercado.
El argumento contrario también tiene recorrido: sin ayudas, buena parte del cine europeo —no solo el español— sería inviable frente a la maquinaria de Hollywood. La cultura no es una mercancía cualquiera y los países protegen su producción audiovisual por razones que van más allá del balance contable. Pero esa defensa, aplicada a un sector que presume de independencia creativa mientras depende del erario, suena a justificación de conveniencia.
Feijóo y el PP: ¿oposición o comparsa?
La presencia de Feijóo en los Goya generó un segundo frente de críticas, este dentro del propio espacio de la derecha. Una corriente sostiene que el PP no tiene discurso ideológico y que se limita a contemporizar con los ambientes que le son adversos, buscando una aprobación que nunca llega. «Los del PP son retrasados», resume una opinión recurrente: se piensan que soltando discursos hiperprogres y bajándose los pantalones lo suficiente, los van a querer más.
El cálculo político es discutible. Ir a una gala donde una parte del público te considera el enemigo tiene un coste evidente. La pregunta es si ese coste se compensa con algún rédito electoral. Los críticos lo dudan: «Este va a hacer bueno a Sánchez», se repite. La alternativa a Sánchez, según esta lectura, es peor que el propio Sánchez.
El cine como propaganda: el argumento que no se cae
Hay un tercer nivel de análisis, más incómodo: el cine como herramienta de adoctrinamiento. La idea de que el séptimo arte ha sido históricamente un vehículo de propaganda no es nueva, pero en el contexto español adquiere un tono particular. El sector audiovisual español, señalan los críticos, produce un tipo de contenido que no conecta con el público mayoritario y que se sostiene gracias al dinero público.
La paradoja es evidente: un cine que se reclama libre depende de la administración para existir. Y una administración que financia ese cine espera, aunque sea implícitamente, un retorno. No necesariamente en taquilla; a veces basta con que el relato acompañe.
La pregunta que Feijóo no respondió
¿Qué significa exactamente «cuidar el cine español»? ¿Más subvenciones? ¿Menos? ¿Un modelo mixto? El líder del PP no lo concretó. Se limitó a una frase amable en un entorno que no lo era. Y ahí se quedó la cosa: en un gesto sin consecuencias, en una reivindicación sin propuesta.
Mientras tanto, el sector sigue esperando. Y los votantes, también.