Del underground a Balenciaga: cuando el black metal se vende en el Primark
¿Qué pasa cuando la tipografía satánica del black metal aparece en sudaderas de grandes almacenes? Que los puristas echan humo y los analistas de tendencias toman nota. En las calles de Madrid se han visto miles de camisetas con grafía de bandas noruegas, pero sin banda: solo logos de marcas como Balenciaga o Miracle. El 'fast fashion' ha encontrado un nuevo filón.
La apropiación masiva de un símbolo antisistema
El fenómeno no es nuevo. Ya pasó con el punk (Ramones, Sex Pistols) y el heavy (Slayer, Iron Maiden). Pero el black metal, con su carga de transgresión, anticristianismo y extremismo, supone un salto cualitativo. La ironía es que quienes llevan estas prendas probablemente no distinguen Burzum de una ensalada de letras. La industria ha detectado el filón: aparentar peligro sin riesgo. Incluso Kanye West, con su camiseta de esvástica, llevó la provocación al límite.
La reacción de la escena: entre la risa y la condena
Para los seguidores del black metal original, esto es postureo cutre y vaciamiento de significado. Recuerdan que la escena nació como oposición radical al mainstream, y ahora el mainstream copia su estética ignorando su trasfondo. Unos lo toman con humor (asistiendo al nacimiento del 'crime metal'), otros con indignación. La moda ha democratizado el símbolo, pero a costa de despojarlo de su esencia.
La conclusión es que el capitalismo todo lo fagocita. Ya no hace falta ser 'trve' para lucir la estética. Y los puristas, mientras, asisten entre risas y escalofríos a cómo su seña de identidad se vende en el escaparate de al lado.