Nombres neutros para criar sin género: entre la libertad y el experimento
Elegir un nombre neutro para un recién nacido ha dejado de ser una excentricidad anecdótica. Cada vez más parejas optan por nombres que no estén asociados ni al masculino ni al femenino, con el argumento de que así el menor podrá definir su identidad sin presiones. El caso de Elur —nieve en euskera—, la hija de Alba Vidal y Natalia Pérez, de 37 y 48 años, ha servido para poner sobre la mesa una práctica que genera tantos apoyos como recelos.
La pareja, residente en un pueblo de Bizkaia, lo tiene claro: «Con esta decisión, le facilitamos y le ofrecemos la posibilidad de que pueda explorar y descubrir quién es libremente». Elur, que acaba de cumplir tres años, se expresa tanto en masculino como en femenino e interpreta roles de ambos géneros, según sus madres. La elección del nombre no es un gesto aislado: forma parte de una crianza sin estereotipos en la que no se imponen colores, juguetes ni comportamientos asociados a un sexo concreto.
Qué dicen los datos sobre los nombres neutros
El Instituto Nacional de Estadística (INE) permite medir hasta qué punto estos nombres se usan de forma indistinta. Noah es el caso más equilibrado: en España lo llevan 6.670 hombres y 1.739 mujeres. Elur, todavía poco común, aparece en 116 ocasiones para hombres y 35 para mujeres. Otros como Dani, Adri, Cris, Álex, Ariel, Sasha, Aimar o Pau se utilizan cada vez más sin distinción de género. Pau fue el elegido en 2021 por Yurena Castelló, valenciana de 35 años, cuando nació su hijo.
La experta en género y coeducación María Gijón advierte de que la elección de un nombre neutro «no implica necesariamente una crianza igualitaria y con perspectiva de género». Para Aike Martín, del grupo de políticas trans de la Federación Estatal LGTBI+, el gesto demuestra una predisposición: «No es solo el nombre, sino todo lo que supone, porque le estás dando a entender a la criatura que en el futuro puede ser lo que quiera y no tiene que adscribirse a un género concreto».
Las barreras que aparecen cuando el niño crece
La ropa y los juegos son los dos grandes obstáculos. A pesar de los avances, sigue predominando el rosa en las prendas femeninas y el fútbol sigue siendo territorio mayoritariamente masculino. Naiara, de 40 años, que tiene dos hijos con su mujer y prefiere no dar su apellido, lo resume: «Te tienes que pelear con mil cosas. Nosotras ahora en el colegio estamos apretando para que haya un equipo de niñas». Miryam Aguirre, madre de dos hijos de ocho y seis años, reconoce que educar «sin que influya el género y tratando de que sea todo muy neutro» es complicado en la práctica.
Gijón insiste en que hay que explicar qué es un estereotipo desde edades tempranas, «aprender a detectarlos y fomentar el espíritu crítico al respecto». La experta subraya que la crianza debe ser «con perspectiva de género» para ser consciente de las desigualdades y los privilegios que existen según el sexo con el que se nace.
El rechazo social que genera la decisión
La reacción de una parte del público ha sido dura. Hay quien sostiene que estas familias están utilizando a los niños para vender una ideología y que la biología terminará imponiéndose. Se argumenta que cuando el menor pregunte si es niño o niña, la respuesta no puede ser ambigua y la encontrará en otro sitio. Otras voces defienden que en países con legislaciones más tradicionales este tipo de crianza sería directamente impensable.
El debate también ha derivado hacia la conveniencia de que los medios dediquen espacio a prácticas que, según algunos análisis, son marginales y no representan a la mayoría de la sociedad. Frente a esto, los defensores de la crianza sin género recuerdan que la visibilidad es el primer paso para normalizar realidades diversas.
El contexto: una tendencia al alza
Lo que antes era una excepción hoy se ha convertido en una opción para un número creciente de familias. La elección de nombres neutros es solo la punta del iceberg de una corriente más amplia que cuestiona los roles de género desde la primera infancia. Los expertos consultados coinciden en que lo importante «no es tanto el resultado, sino la intención y tener la mente abierta».
El caso de Elur, con solo tres años, es todavía un experimento en marcha. Sus madres aseguran que la niña no muestra preocupación por definirse y que lo relevante es que experimente con todo y que, cuando quiera, lo cuente. El tiempo dirá si esta apuesta por la neutralidad de género da los frutos que sus impulsores esperan o si, como sostienen los críticos, la realidad biológica y social acaba imponiendo sus propios términos.