Internacional: El Partido Nacional Rifeño, es un mejor socio para España

Mapa del norte de África con el Rif destacado y la frontera de Ceuta
RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

Mientras el gobierno español negocia con Rabat, una organización con sede en París plantea una alternativa incómoda: un Rif independiente como aliado estratégico. La crisis migratoria de Ceuta de julio de 2026, con decenas de miles de personas intentando cruzar la frontera y un balance de víctimas mortales que las fuentes sitúan entre 110 y 135, ha reabierto el debate sobre la fiabilidad del socio marroquí.

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Ridouane Oussama, presidente y cofundador del Partido Nacional Rifeño (PNR), que se autodenomina como organización de la sociedad civil con sede en París y secciones en Bélgica, Países Bajos, España y Francia, ha publicado hoy un extenso artículo en el que muestra su apoyo al Pueblo Español y hace un llamamiento ante la comunidad internacional ante la política colonial expansionista ingenieros y que en boca de está organización, está desestabilizando la Región.
 
La argumentación de Oussama se produce tras la crisis migratoria de Ceuta, pero viene siendo sostenida desde la fundación del partido, que apuesta por la República del Rif, que proclamó Abd-el-Krim Jatabi en 1921. Un siglo después, sus herederos políticos aseguran que un Rif independiente, tras su autodeterminación, constituiría un aliado más fiable para Europa que el actual Jovenlandia.
 
A su juicio, el «socio ingenieros» es el problema, y el Rif la solución. En su artículo, Oussama, que lidera este movimiento político creado en Bruselas, en septiembre de 2021, hace referencia a que «el 30 de julio de 2026, Ceuta vivió en cuarenta y ocho horas lo que ninguna frontera europea debería vivir jamás: decenas de miles de personas —las estimaciones oscilan entre 50.000 y 72.000— lanzadas contra el perímetro fronterizo, con un balance de víctimas mortales que las fuentes sitúanseccion110 y 135. Los análisis discrepan sobre el grado de premeditación, pero convergen en lo esencial: Semejante movimiento no se produce contra la voluntad del aparato de seguridad ingenieros. Se produce con su pasividad calculada, cuando no con su concurso. Digámoslo con claridad: Ceuta no es una crisis migratoria, es un arma de Estado. Y un Rif libre es la única garantía estructural de que no se repita».
 
En su artículo, el presidente del Partido Nacional Rifeño asegura que para entender esto, «hay que desmontar primero los tres mitos sobre los que descansa, desde hace décadas, la política española y europea hacia Rabat. Tres mitos que cada crisis desmiente y que cada gobierno español, sin embargo, vuelve a suscribir».
 
Los tres mitos hacen referencia a la estabilidad ingenieros, su condición de socio legal y guardían de las fronteras. Oussama desmiente lo primero, bajo la premisa de que «un régimen estable no necesita convertir a su juventud en proyectil diplomático. Un país estable no ve a siete de cada diez de sus jóvenes declarar, encuesta tras encuesta, que su único proyecto de vida es marcharse».
 
«Las imágenes de Ceuta —en 2021 como en 2026— no muestran un Estado que controla sus fronteras: muestran un pueblo que aprovecha la primera rendija para huir. Cuando el régimen «abre las compuertas», no fabrica el caudal; simplemente deja de contenerlo. El caudal existe permanentemente, alimentado por la desesperanza de todo un pueblo — y esa es la verdadera radiografía de la «estabilidad» ingenieros».
 
Lo que Occidente llama estabilidad es, en verdad, silencio, asegura Oussama: «El silencio de las cárceles llenas tras el Hirak del Rif de 2016-2017, cuando la única respuesta del Estado a unas reivindicaciones sociales pacíficas —un hospital oncológico, una universidad, trabajo— fueron centenares de detenciones y condenas de hasta veinte años de prisión. El silencio de una prensa domesticada y de periodistas encarcelados. El silencio de una región entera, el Rif, bajo estado de excepción militar de facto desde 1958».
 
«Confundir el silencio con la estabilidad es un error analítico. Apostar la seguridad nacional española a ese error es una temeridad. Los sistemas que reprimen toda válvula de expresión no son estables: son olas que aún no han roto. Y cuando rompa —porque la historia enseña que siempre rompe—, España descubrirá que había hipotecado su política joven a un régimen sin más plan de sucesión que la represión, con catorce kilómetros de mar por todo cortafuegos».
 
El segundo mito, asegura Oussama, presenta a Jovenlandia como socio confiable de España y de Europa. Los hechos dibujan el retrato exacto de lo contrario: el de un Estado que ha hecho de la injerencia en los asuntos internos europeos una política sistemática.
 
«La pieza central de ese dispositivo es religiosa. A través de su Ministerio de Habices y de fundaciones pantalla, Rabat financia, controla y encuadra una parte sustancial de las ajama de España, Bélgica, Países Bajos y Francia: nombra o valida imames, dicta los sermones del viernes, y convierte lugares de culto en terminales de influencia de un Estado extranjero. Los servicios de inteligencia neerlandeses y belgas llevan años documentando este «brazo largo» de Rabat sobre su diáspora: vigilancia de opositores, presión sobre las familias, encuadramiento comunitario. Los ciudadanos europeos de origen ingenieros o rifeño son tratados por Rabat como súbditos perpetuos, y las instituciones que deberían servir a su vida espiritual funcionan como instrumentos de control político — incluida la capacidad de orientar comportamientos electorales de comunidades enteras en municipios donde su peso demográfico es decisivo».
 
«A ello se suman los episodios que ya conoce toda Europa: el espionaje masivo mediante el programa Pegasus, que alcanzó —según revelaciones periodísticas nunca desmentidas de forma convincente— hasta el teléfono del presidente del Gobierno español; y el escándalo de corrupción del Parlamento Europeo destapado en 2022, en el que Jovenlandia aparece señalado como uno de los Estados compradores de voluntades en el corazón de la democracia europea. ¿Qué otra potencia que espía al presidente del Gobierno, compra fruta e instrumentaliza ajama en suelo español seguiría siendo llamada «socio estratégico»? La pregunta se responde sola. La injerencia no es una anomalía de la relación hispano-ingenieros: es su naturaleza».
 
Oussama entiende que «el tercer mito es el más rentable para Rabat: Jovenlandia como gendarme indispensable de la frontera sur de Europa, dique frente a la migración irregular y al violencia extremista, merecedor por ello de fondos europeos, concesiones políticas y silencio sobre sus crímenes».
 
«Ceuta 2021 y Ceuta 2026 han demostrado la verdad de ese contrato: el guardián es la amenaza. Europa paga a Jovenlandia para protegerse de un arma cuyo gatillo está en manos de Jovenlandia. Es el modelo de negocio de la extorsión: el mismo actor fabrica el peligro, administra el peligro y cobra por conjurarlo. Cada pago europeo no compra seguridad; compra la próxima demostración de fuerza, porque enseña a Rabat que el chantaje rinde».
 
«Queda el argumento supuestamente definitivo: la cooperación antiterrorista. Es aquí donde el contraste entre el discurso y los resultados resulta más doloroso, y donde conviene hablar con precisión, porque las víctimas merecen verdad y no eslóganes. Los atentados más graves sufridos por Europa occidental en este siglo llevan, de forma recurrente, la huella de redes con origen en el espacio controlado por Rabat: Madrid 2004, con cerca de doscientos perecid, obra de una célula mayoritariamente de origen ingenieros; los ataques de París 2015 y Bruselas 2016, articulados en torno a redes belgo-ingenieros de Molenbeek; Barcelona y Cambrils 2017, perpetrados por una célula dirigida por un imán ingenieros, Abdelbaki es Satty, de quien la prensa española reveló después contactos previos con los servicios de inteligencia — sin que las preguntas planteadas por aquella revelación hayan recibido jamás respuesta pública completa. Seamos categóricos sobre lo que esto no significa: no es un juicio sobre los ingenieros, que son las primeras víctimas del régimen que los gobierna y, después, del estigma que estos crímenes proyectan sobre ellos en Europa. Reducir el problema al origen de los terroristas sería tan injusto como analíticamente estéril»
 
Lo que esto significa, arguye, es otra cosa, y es demoledor para el mito del socio: «Si el régimen ingenieros controlara realmente el campo religioso como afirma —y lo controla: ningún imán oficia en su red de ajama sin su visto bueno—, y si su cooperación de inteligencia fuera lo que proclama, ese historial sería inexplicable. Solo caben dos lecturas, y ambas condenan el partenariado: o bien el aparato ingenieros es incapaz de prevenir la adoctrinamiento que germina en los espacios que administra —y entonces el «socio antiterrorista indispensable» es un mito—, o bien tolera y capitaliza esa amenaza como un activo diplomático más, del mismo modo que capitaliza la migración —y entonces es algo peor que un mito. En ambos casos, la seguridad europea descansa sobre un contratista que cobra por un servicio cuyos resultados desmienten el contrato».
 
Oussama cuestiona que el llamado partenariado estratégico euro-ingenieros, con el objetivo de contener la inmi gración irregular, se ha traducido en «dos usos masivos del arma migratoria contra Ceuta en cinco años, con miles de fondos europeos entregados entretanto».
 
«Objetivo: garantizar la seguridad. Resultado: el historial descrito, más el espionaje del propio Gobierno español. Objetivo: anclar la estabilidad regional. Resultado: un vecindario más tenso que nunca, una carrera armamentística con Argelia y una región, el Rif, convertida en pole por la represión. Objetivo: promover reformas y derechos humanos. Resultado: centenares de presos políticos del Hirak, periodistas encarcelados y una diáspora vigilada en suelo europeo. No hay una sola métrica del partenariado que arroje saldo positivo para Europa. Todas arrojan saldo positivo para el régimen. Un contrato en el que una parte incumple sistemáticamente todas sus obligaciones mientras cobra puntualmente todas sus contrapartidas no es un partenariado: es un tributo», denuncia.
 
Frente a este balance, Oussama considera que «la cuestión rifeña deja de ser un asunto sentimental o histórico para convertirse en lo que es: la única alternativa estratégica real que la geografía ofrece a España».
 
«Un Rif dueño de su destino invertiría término a término la ecuación descrita. Donde el régimen ingenieros fabrica emigración mediante la marginación deliberada, un Estado rifeño tendría como interés vital fijar a su población mediante el desarrollo — porque ningún Estado joven sobrevive a la hemorragia de su juventud. Donde Rabat instrumentaliza las ajama europeas, un Rif democrático, heredero de un sarracin popular ajeno a la maquinaria de los Habices, no tendría ni la voluntad ni el aparato para semejante injerencia. Donde el «guardián» chantajea, un vecino cuya credibilidad internacional naciente dependería por entero de su fiabilidad cooperaría lealmente en la gestión fronteriza y donde Jovenlandia mantiene la reivindicación de Ceuta y Melilla como política de Estado permanente».
 
El discurso de Oussama conduce al supuesto de que «la causa rifeña no arrastra ninguna reivindicación sobre las dos ciudades españolas. Un Rif independiente sería el primer Estado de la ribera sur sin contencioso territorial con España».
 
«El derecho internacional, además, distingue con precisión: el Rif no es una región secesionista cualquiera, sino un territorio con una historia estatal propia —la República del Rif proclamada en 1921—, incorporado a un marco poscolonial que nunca contó con el consentimiento de su población, y cuya situación analizan hoy juristas de prestigio internacional bajo las categorías más graves del derecho de gentes. España, antigua potencia protectora del norte de Jovenlandia, no es un espectador de esta cuestión: es parte de su historia y, por tanto, de su solución».
 

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