Fabio Parra acusa a Pedro Delgado de ganarle el Tour de 1988 con trampas
El tercer puesto del Tour de Francia de 1988 y la segunda plaza de la Vuelta a España de 1989 son, para
Fabio Parra, dos resultados que no reflejan lo que pasó en la carretera. El escalador colombiano sostiene que Pedro Delgado, campeón de aquella edición francesa, dio positivo por una sustancia que entonces no figuraba en la lista de prohibidas, y que el neerlandés
Steven Rooks admitió años después haber consumido sustancias prohibidas. «No entendía cómo ellos iban tan rápido. Claro, ahora uno comprende el porqué», resume el boyacense en una entrevista publicada por
Diario del Triatlón.
La queja no se queda en Francia. Parra también reclama la Vuelta de 1989, donde fue segundo tras Delgado y por delante de otro colombiano, Óscar de Jesús Vargas. El segoviano ganó la contrarreloj de Valladolid con 54 segundos de ventaja y contuvo los ataques en los puertos de la sierra de Madrid, en Navacerrada. Ahí es donde Parra sitúa el episodio más delicado: una supuesta alianza de cinco corredores, entre ellos Ivanov y Santos Hernández, y un sobre con dinero que, según su versión, un camarógrafo colombiano grabó entregando Delgado.
Qué dice exactamente el positivo de Delgado en 1988
El propio relato de Parra contiene el matiz que desactiva media polémica: la sustancia por la que dio positivo Delgado
no estaba prohibida en aquel momento. Es decir, el corredor no incumplió la normativa vigente entonces, aunque el episodio se convirtiera en un ruido incómodo para la organización. «Pretendieron manejar la cosa muy calmadamente, pero en el hotel donde estábamos se produjo una revolución», recuerda el colombiano.
Ese detalle es el que más se repite en la discusión posterior. Una parte del público considera que si la sustancia no figuraba en la lista, no hay nada que debatir; otra sostiene que la legalidad de la época no equivale a limpieza deportiva, y que la evolución posterior del reglamento demuestra que aquello acabó siendo considerado dopaje. La discusión no es nueva, pero sigue sin cerrarse.
La Vuelta de 1989 y el sobre que nadie ha visto
En la ronda española, Parra y Delgado llegaron muy apretados a la contrarreloj de Valladolid. El segoviano ganó la etapa y sacó
54 segundos a su rival, una renta que después defendió en la sierra madrileña. El colombiano no discute la fuerza del rival en la crono, pero sí lo que ocurrió alrededor: «Hicieron una alianza extra. Que les pagaron… que no… que se vio un sobre… Yo no puedo decir que hubo plata».
El episodio del sobre es el más resbaladizo de todo el relato. Parra afirma que un camarógrafo colombiano grabó a Delgado entregando el sobre a Ivanov y que Santos Hernández le confesó todo tiempo después, pero no aporta la grabación ni una confirmación independiente. Se trata, por tanto, de una acusación sin prueba pública conocida, y así conviene leerla.
Por qué este asunto reaparece treinta y ocho años después
El texto que ha reavivado el caso está fechado en
enero de 2025 y ha circulado de forma poco convencional: no resulta accesible navegando por los menús del medio, solo a través del enlace directo. Ese detalle alimenta la sospecha de que la reedición responde a un interés concreto más que a una efeméride.
El contexto lo refuerza. Días antes, Delgado había hecho declaraciones incómodas para el Gobierno a propósito de la Vuelta a España. La coincidencia temporal ha llevado a una parte del público a leer la entrevista como una operación de desgaste contra el exciclista, y a otra a recordar que el colombiano lleva años repitiendo la misma versión sin que nadie le haya hecho demasiado caso hasta ahora.
El dopaje como norma de época, no como excepción
El caso de Rooks, que admitió haber consumido sustancias prohibidas, encaja en un patrón más amplio: el ciclismo de finales de los ochenta y principios de los noventa fue un territorio donde la línea entre lo legal y lo tolerable se movía cada temporada. «Nadie sube el Tourmalet con un plato de espaguetis», resume una de las respuestas más repetidas.
Hay quien va más lejos y sostiene que el problema no era solo farmacológico, sino económico: corredores de 300 kilómetros al día con la hipoteca pendiente y la salud hipotecada por un sueldo. Bajo esa lógica, la trampa no era una elección moral individual, sino una condición del oficio. Es una lectura cómoda para los protagonistas y discutible como explicación general, pero describe bien el ambiente que Parra retrata.
El dato que descoloca no está en el Tour ni en la Vuelta, sino en el calendario: la sustancia por la que Delgado dio positivo no era ilegal cuando la tomó, y el sobre que Parra describe nunca ha aparecido en público. Treinta y ocho años después, las dos piezas que sostienen la acusación siguen siendo, exactamente, las mismas que entonces.