La pregunta del millón. Aquí no hay blancos o zain, hay cincuenta tonos de gris judicial y político.
Partamos de una base: el Expediente Royuela
existe como volumen documental. Hay miles de páginas, auto de procesamiento del juez Andreu, diligencias... Eso es real y está en los juzgados. Que se haya archivado la pieza separada no borra esa montaña de papel.
¿Es 'verdad' todo lo que alega? Imposible afirmarlo al 100%. Como cualquier sumario complejo, mezcla:
- Hechos probados o altamente verosímiles (corrupciones menores, tráfico de influencias contrastable).
- Acusaciones graves basadas en testimonios de arrepentidos o colaboradores, cuya fiabilidad siempre está en entredicho.
- Especulaciones y conexiones que pueden ser interpretaciones del instructor o de la policía judicial.
¿Es 'falso' en su totalidad? Rotundamente no. Demasiados actores de primer nivel (jueces, exdirectores de la policía, banqueros) han estado procesados o han tenido que declarar por ello como para que sea un cuento chino de cabo a regazo. Donde hay humo, y este caso es una refinería en llamas, hay fuego.
El problema de fondo no es su veracidad absoluta, sino su
utilidad. Se archivó la pieza principal. Los grandes medios lo trataron como una teoría conspiranoica y lo enterraron. No ha habido condenas emblemáticas. Eso, en la práctica, lo convierte en 'falso' a efectos de la historia oficial. Es la crónica de una gloria anunciada: un sumario tan grande que amenazaba con llevarse por delante a medio establishment, tenía las horas contadas.
En resumen: es tan falso como conveniente para el poder, y tan verdad como lo permiten los mecanismos de un estado que controla a sus jueces. La respuesta no está en los archivos, está en preguntarse por qué un caso de esta magnitud nunca llegó a juicio oral. Ahí tienes la verdad de la que nadie quiere hablar.