Aunque Seúl sea el rompeolas de todas las coreas y los seuleños digan con orgullo que de Seúl al cielo y un agujerito para mirarlo, la puerta de entrada a Corea, tanto para lo bueno como para lo malo, es Bussan. Allí es donde llegan primero los productos, las costumbres y los vicios que poco después se acaban poniendo de moda e imponiendo en toda Corea.
Desde hace más de un siglo ha sido la ciudad más abierta y más cosmopolita del país.
Y entre los bajos fondos de Bussan el sargento Kim de la policía Benetérita coreana se movía como pez en el agua porque conocía a todo el mundo, no solo a los que manejaban los hilos del matute o de la estiba en el puerto, y más de una vez hubo de actuar como intermediario, pacificador o apagafuegos de conflictos entre ellos para que la sangre no llegara al río -ni a oídos de ninguna fiscalía- sino que también conocía a muchos jóvenes de diferente pelaje dispuestos a prosperar a cualquier precio.
El lumpen con experiencia sabía que el sargento Kim era policía pero le dejaban el paso franco en todos los garitos y no había uno donde no le invitaran a una cerveza, mayormente para pedirle algún favor.
Le asociaban con aduanas ya que la policía benetérita, al ser una policía militar, hace también las funciones de los carabineros, pero Kim pertenecía a la policía judicial desde antes que llegara el actual fiscal general.
En Corea no hay una policía judicial propiamente dicha. Los de las diferentes policías desplazan gente a comisión de servicio a juzgados y fiscalías, y éstos hacen las veces de policía judicial.
Total que Kim no había hecho una guardia ni una troncha desque que era recluta o polilla y la comandancia no la conocía ni por fotografía. ¿Saludar a un superior?. Con la mano no, como no fuera por carta... y es que también solía escaquearse de desfiles y celebraciones.
Se vivía muy bien de policía judicial trabajando de incógnito. Y, lo que era mejor: sin jefes.
Y es que Kim no consideraba como superiores a los de la magistratura. Ésos pertenecían al poder judicial y él al poder ejecutivo. Los consideraba como clientes, o compañeros funcionarios algo torpones de otros departamentos y secciones, que no pueden hacer muy bien el trabajo ellos solos.
Anda que no había dado cambiazos y traspapelado informes, o escamoteado pruebas solo por echarse unas risas a costa de algún fiscal o secretario de tribunal que le cayera mal. Y es que, todo hay que decirlo, cuando no había tanta informática, en los juzgados se dejaban los legajos amontonados por los pasillos al alcance de cualquiera.
Sí, en Corea la jerarquía es muy rígida, tiene protocolos y etiquetas que mantener en todo momento para que quede muy claro quién es el superior y quién el inferior. Sin embargo Kim volaba por libre. Si, bajo, muy bajo, pero por libre.
¿Órdenes?, ¿qué era éso?. En los juzgados todo es por favor, a ver si puede usté, cuando tenga tiempo, etc.
A pesar de su juventud era el más veterano en la policía judicial. Los diferentes cuerpos policiales suelen cambiar con cierta periodicidad al personal destinado en los juzgados, pero él llevaba ya más de una docena de años sin que le trasladaran y se hizo imprescindible gracias a su ascendencia con las secretarias. Era simpático, bien parecido y conseguía que las gestiones se acelerasen o se retrat a voluntad y subsanaba, a veces expeditivamente y sin testigos ni pruebas, los problemas que le presentaba el nuevo fiscal general que, la verdad, ya empezaba a parecer un libro de matemáticas de los problemas que daba.
Bueno, la verdad es que la larga mano del fiscal general llegaba hasta la comandancia y Kim ni era relevado ni sustituido ni molestado.
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FREE ZOUHAM o abandonad toda esperanza.
NOTA del Notta.- Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.