Kherson: la contraofensiva que Ucrania vende y sus soldados desmienten
Cuatro días de ofensiva, cero asentamientos tomados y, según el testimonio de los propios militares ucranianos,
80 muertos solo en la dirección de Bolshoi Artakovo. La contraofensiva sobre la línea del frente de Kherson se anunció como un golpe decisivo; en el terreno, un destacamento de la 35ª Brigada de Infantería de Marina pide por vídeo que alguien frene a su cúpula. El vídeo circula en canales prorrusos, lo que no lo convierte en falso ni en verdad revelada: solo en material que cada bando usa según le conviene.
Qué dice exactamente la unidad desplegada en Nikolaev
El mensaje de los militares del 18º Batallón de Infantería de Marina separado, desplegados en Bereznegovatoe (Nikolaev), es un ruego a la sociedad civil para que presione al mando del batallón y de la brigada. Denuncian «órdenes criminales» y piden que retiren del frente a los restos de la unidad. Su queja concreta: se les envía a atacar bajo fuego de artillería enemigo.
Las cifras que manejan, siempre según su propio testimonio, son
80 muertos en cuatro días contabilizados por sus médicos, con la advertencia de que ellos calculan bastantes más, además de heridos, desaparecidos y capturados. En esos cuatro días de asalto no habrían logrado tomar un solo asentamiento. Los militares no rechazan defender el país; exigen, dicen, un mando que «valore la vida de los patriotas de Ucrania».
El problema de la fuente: quién distribuye el vídeo y por qué
Aquí empieza el verdadero debate. El vídeo llega a través de canales prorrusos y de figuras como el diputado ucraniano desertor Ilia Kyva, lo que dispara la sospecha razonable de manipulación. La respuesta desde el otro lado es igual de previsible: que un vídeo lo difunda el adversario no lo invalida automáticamente, del mismo modo que la propaganda propia tampoco convierte en ciertos todos los partes oficiales.
Hay imágenes satelitales y vídeos geolocalizados que muestran avances ucranianos en la zona, y el propio Ministerio de Defensa ruso ha reconocido penetraciones en ese sector. Es decir: la ofensiva existe, muerde terreno, y a la vez se cobra un precio en vidas que ninguna de las dos propagandas quiere poner en primer plano.
La comparación incómoda: bajas propias, risas ajenas
El argumento más ácido que recorre la discusión es el doble rasero. Si un ataque ruso deja diez cadáveres por hectárea conquistada, se celebra el ridículo en redes. Si es un asalto ucraniano por saturación el que riega el suelo de bajas para aliviar el frente del este, se llama estrategia. La pregunta que queda flotando: ¿por qué la misma cuenta de muertos vale como escarnio o como sacrificio según quién los firma?
La defensa de la contraofensiva se apoya en que Ucrania es un Estado democrático donde la opinión pública puede exigir responsabilidades, y en que el armamento occidental prometido llega tarde y mal, sobre todo a las unidades de defensa territorial formadas por voluntarios civiles. La crítica replica que un Estado que prohíbe a los hombres salir del país y arma a civiles para lanzarlos contra artillería no está gestionando una guerra, está administrando un matadero.
El contexto que se cuela en la discusión: Vietnam, Jarkov y el desgaste
La conversación deriva hacia comparaciones históricas. Se discute si Vietnam del Norte ganó con una desproporción de bajas de 17 a 1 o de 3 a 1, si Estados Unidos llegó a tener 500.000 efectivos simultáneos o dos millones acumulados, y si la derrota fue militar o de opinión pública. El paralelismo sirve para una cosa: recordar que las guerras de desgaste se pierden o se ganan en la retaguardia política, no solo en la línea de contacto.
Aparece también la ofensiva ucraniana sobre Jarkov, donde una fuerza muy superior en número habría roto un frente ruso debilitado por haber redistribuido tropas. Y la retirada rusa de la orilla derecha del Dniéper, con material pesado abandonado que todavía se sigue encontrando en zonas boscosas. Nadie discute que Rusia ha perdido terreno. Lo que se discute es a qué precio lo recupera Ucrania.
Quién paga la factura de la contraofensiva
El fondo económico del asunto es quién financia y quién entierra. Occidente pone los sistemas de armas y los miles de millones; Ucrania pone los hombres. La tesis que sobrevuela el debate es que a Washington le basta con desgastar a Rusia sin poner un solo soldado propio en el campo, y que esa asimetría explica por qué la contraofensiva se sostiene aunque las cuentas de bajas no cuadren con el relato triunfal.
El resultado, a la fecha de esta discusión, es un frente que se mueve poco, unas cifras que cada bando cocina y una unidad de infantería de marina pidiendo por vídeo que la saquen de ahí. Si la contraofensiva es exitosa, ¿por qué los que la ejecutan piden que los retiren?