Kovaliov
Madmaxista
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Como este foro se ha convertido en un lugar donde discutir de las criptodivisas y estas pretenden ser el nuevo oro, me permito postear estas reflexiones de un observador aficionado, con ánimo de polémica, como todo lo que escribo.
Bitcoin es una tecnología informática novedosa que intenta dar una solución a necesidades evidentes del sistema financiero internacional y que, supuestamente, sustituye con ventaja al mejor dinero, en mi opinión el único conocido hasta la actualidad: el oro (cuando mencione el “oro”, deberá leerse también “y la plata”). Así, es llamado “el nuevo oro” o el “oro 2.0”.
Expertos informáticos y usuarios que pretenden utilizar esta tecnología para aquello que ha sido implementada, coinciden en que presenta numerosos fallos de diseño que impide la función de medio de cambio que es una de las tres principales que definen lo que es el dinero: tiempos largos de resolución, comisiones elevadas, gasto insostenible de energía... Como reserva de valor, no sirve por su volatilidad y como unidad de cuenta tampoco, puesto que se ha de referenciar a otra moneda: el dólar, o el más etéreo tether. Así pues, parece claro que bitcoin ni es, ni está destinado a ser el nuevo dinero. Probablemente será sustituido por otra tecnología más eficiente, como bitorrent hizo desaparecer a Napster. Casi nadie cree que bitcoin seguirá teniendo algún valor como tecnología aplicable dentro de diez años. Otra cosa es la blockchain u otros sistemas de cadena de bloques que están siendo desarrollados y que tendrán su utilidad.
El aspecto burbujista de bitcoin es evidente. No voy a entrar en él. Muchos se hicieron ricos. Todavía existe un margen amplio para las ganancias...y para las pérdidas. En fin, es lo ya visto en innumerables ocasiones en la historia y dicho con las mismas palabras. Vuelvo a recomendar Breve historia de la euforia financiera, de Galbraith. Está todo ahí como si lo hubiera escrito ayer para el bitcoin. No hay que lamentarse de no haber entrado en bitcoin, como no nos lamentamos de haber entrado en Terra o no nos hicimos pasapiseros. Si entrásemos en todas las burbujas nos arruinaríamos enseguida, aunque acertásemos en una.
Esto que menciono aquí arriba no es original, se ha debatido mucho en todos los foros incluido este y se puede profundizar mucho más. Sin embargo hay algunos aspectos que no encuentro que sean motivo de debate, o este es muy escaso, y que yo considero principales: 1. uno es la influencia de bitcoin en el sistema financiero internacional predominante en los años posteriores a la crisis del 2007 y su efecto sobre la deuda, las divisas y el oro; 2. y el otro el aspecto político y sociológico de la cuestión.
1. En cuanto al efecto del bitcoin sobre la oferta monetaria, las divisas y la deuda, es evidente que bitcoin está actuando como esponja succionadora de la enorme liquidez que las sucesivas rondas de expansión cuantitativa de los bancos centrales han lanzado al mercado y que no encuentran un sector rentable donde emplearse. Como esta política económica universal no ha logrado aquello que pretendía, principalmente que esa liquidez permease hacia abajo para que la inflación pusiera en marcha el proceso productivo y diluyese la deuda impagable, en algún sitio se tiene que instalar.
El bitcoin, para sus defensores, tendría la cualidad del oro como extintor último de la deuda, como lo explica Antal Feteke y la absorberá toda provocando la "extinción del precio del oro/bitcoin" en términos fetekianos. Es decir ni el oro ni el bitcoin podrán cambiarse por divisas porque nadie las querría, al haberlas sustituido completamente como moneda de cambio con su propio valor intrínseco no referenciado a nada más que a sí mismo.
Pues bien, parece que estamos asistiendo al corrimiento de esa liquidez al bitcoin, que la está drenando. No podemos creer que cuatro frikis, que meten los tres mil euros que ahorraron cuando se mudaron a una habitación más barata en el piso patera que les alquilan los de la mafia nigeriana, están provocando esta subida estratosférica.
En realidad, los asiduos de este foro deberíamos ver esto como algo conocido, puesto que todos llevamos años esperando que esto mismo suceda con el oro. En este sentido parece evidente que el bitcoin ha paralizado esta función esperada del oro como drenaje del exceso de liquidez y la ha sustituido. En mi opinión solo la ha pospuesto porque hay liquidez suficiente para todos y esta acabará llegando al oro, mucho más si el bitcoin peta.
2. En lo que respecta a los aspectos políticos, sociales y del bitcoin, considero que el discurso dominante entre sus entusiastas y partidarios convencidos es profundamente confuso y hasta inmoral y no es analizado en ningún foro.
Quizás el supuesto Satoshi era verdaderamente un altruista que imaginó el bitcoin como algo sumamente beneficioso para la humanidad, que iba a poner en funcionamiento fuerzas productivas que ahora están subempleadas por un sistema económico absurdo que nos lleva a la debacle. O quizá es todo una conspiración de la NSA para succionar el exceso de dinero en manos de las masas y que, cuando hayan logrado su objetivo dirán basta y desenchufarán la máquina y ahí se quedarán esos dólares: en el hiperespacio, en el otro mundo, en la nada. Y a ver a qué autoridad vas a reclamar.
Entre los fanáticos del bitcoin hay dos esquemas principales de pensamiento político: los libertarios y los libertarians. Socialistas y comunistas no hay, o no debería haber, pero con la confusión ideológica que se traen esta temporada no es seguro esto. Cuando encuentren la evidente opresión heteropatriarcal del bitcoin supongo que aparecerán en masa a denunciarlas, pero de momento no participan en el debate.
Los libertarios estarían en la tradición del anarquismo europeo de antes de la guerra civil española, donde encontró su culminación, y para ellos el bitcoin es la forma en que la humanidad va a alcanzar la independencia económica mediante uno de sus principales objetivos históricos: la abolición del dinero y de la adoración del becerro de oro. Gracias al bitcoin todos los intercambios serán justos y la igualdad se implantará en la tierra. Los gobiernos implosionarán porque no podrán oponerse al poder de la criptografía y ya no podrán controlar la masa monetaria ni crear deuda de la nada, principal fuente de su poder. La gente será feliz. Todo el mundo obtendrá lo que necesita del bitcoin.
Los libertarian o anarcocapitalistas u objetivistas aynrandianos, son los seguidores extremos de la ancestral desconfianza norteamericana por el poder de los gobiernos, que coartan la libertad del más fuerte de hacerse con la mayor parte de riqueza gracias a su superioridad y a su eficiencia para crear bienes que desea todo el mundo. Estos serían mayoría, aunque sean unos pobres funcionarios de Badajoz, demasiado inteligentes y curiosos para estar contentos con sus sustituciones como oficinistas que tramitan subvenciones en la Consejería de Igualdad.
Sus aspiraciones de enriquecimiento y libertad vital son legítimas desde el punto de vista personal, pero funestas en el plano político y social. Su discurso predominante, enfatizando las funciones del bitcoin como medio para mover capital sin control alguno por todo el mundo sin ser fiscalizado, sin pagar ningún impuesto, sin que ningún Montoro pueda imponer tasas o multas, es profundamente reaccionario.
Señores; todos queremos y reclamamos al estado buenas autopistas, buenos hospitales, seguridad pública, paz social, que se garantice la igualdad de oportunidades... La inmi gración masiva, la huida del tercer mundo, no es más que esa aspiración llevada a sus extremos. El estado de Uganda no me puede proporcionar ninguno de estos servicios, así que, en lugar de participar políticamente en resolver estos problemas en mi país, huyo a donde los hayan resuelto y a mi país que le den morcillas. Pero los impuestos para que estos servicios existan y sin los cuales no podría funcionar la red ¿quién los paga? Los de siempre: los humildes trabajadores del mundo real que crean bienes y servicios útiles en el mundo real.
Así vemos que en el sueño utópico de los bitcoñeros está el abandonar sus paises de origen, que consideran estados fallidos a destruir, y vivir sin patria en un mundo globalizado, donde solo volverán a EEUU o a España cuando necesiten de su sanidad de primer nivel, o de cualquier otro servicio que no proporcione el Estado que controle la playa donde le servirán unos camareros y unas fruta que no tienen electricidad en sus chozas ni han oído hablar del bitcoin.
En esto reside su inmoralidad, en el afán individualista extremo que lleva a sus últimas consecuencias el proceso de destrucción de todos los lazos familiares, sociales y políticos que han construido a la humanidad desde sus inicios y que, en mi opinión, son la razón última por la que merece la pena vivir y morir.
El individuo solitario y totalmente autónomo, sin obligaciones sarracena con nadie, es una distopía futurista que ha pavor a los grandes pensadores de la historia y que ya estamos empezando a vislumbrar en este inicio de siglo. Viejos a los que nadie visita mientras sus descendientes viajan a Disneyworld con dinero prestado por el banco, niños abandonados con la consola en familias absurdas con padres de todos los sesso inventados últimamente, insolidaridad entre los trabajadores, falsos autónomos, explotación laboral, falta de honradez generalizada en las relaciones comerciales...
En fin, ya es suficiente. No sé si se entiende lo que quiero expresar, que es aquella parte de los efectos de bitcoin que no suelen aparecer en el muy animado y excitante debate sobre esta nueva tecnología.
Bitcoin es una tecnología informática novedosa que intenta dar una solución a necesidades evidentes del sistema financiero internacional y que, supuestamente, sustituye con ventaja al mejor dinero, en mi opinión el único conocido hasta la actualidad: el oro (cuando mencione el “oro”, deberá leerse también “y la plata”). Así, es llamado “el nuevo oro” o el “oro 2.0”.
Expertos informáticos y usuarios que pretenden utilizar esta tecnología para aquello que ha sido implementada, coinciden en que presenta numerosos fallos de diseño que impide la función de medio de cambio que es una de las tres principales que definen lo que es el dinero: tiempos largos de resolución, comisiones elevadas, gasto insostenible de energía... Como reserva de valor, no sirve por su volatilidad y como unidad de cuenta tampoco, puesto que se ha de referenciar a otra moneda: el dólar, o el más etéreo tether. Así pues, parece claro que bitcoin ni es, ni está destinado a ser el nuevo dinero. Probablemente será sustituido por otra tecnología más eficiente, como bitorrent hizo desaparecer a Napster. Casi nadie cree que bitcoin seguirá teniendo algún valor como tecnología aplicable dentro de diez años. Otra cosa es la blockchain u otros sistemas de cadena de bloques que están siendo desarrollados y que tendrán su utilidad.
El aspecto burbujista de bitcoin es evidente. No voy a entrar en él. Muchos se hicieron ricos. Todavía existe un margen amplio para las ganancias...y para las pérdidas. En fin, es lo ya visto en innumerables ocasiones en la historia y dicho con las mismas palabras. Vuelvo a recomendar Breve historia de la euforia financiera, de Galbraith. Está todo ahí como si lo hubiera escrito ayer para el bitcoin. No hay que lamentarse de no haber entrado en bitcoin, como no nos lamentamos de haber entrado en Terra o no nos hicimos pasapiseros. Si entrásemos en todas las burbujas nos arruinaríamos enseguida, aunque acertásemos en una.
Esto que menciono aquí arriba no es original, se ha debatido mucho en todos los foros incluido este y se puede profundizar mucho más. Sin embargo hay algunos aspectos que no encuentro que sean motivo de debate, o este es muy escaso, y que yo considero principales: 1. uno es la influencia de bitcoin en el sistema financiero internacional predominante en los años posteriores a la crisis del 2007 y su efecto sobre la deuda, las divisas y el oro; 2. y el otro el aspecto político y sociológico de la cuestión.
1. En cuanto al efecto del bitcoin sobre la oferta monetaria, las divisas y la deuda, es evidente que bitcoin está actuando como esponja succionadora de la enorme liquidez que las sucesivas rondas de expansión cuantitativa de los bancos centrales han lanzado al mercado y que no encuentran un sector rentable donde emplearse. Como esta política económica universal no ha logrado aquello que pretendía, principalmente que esa liquidez permease hacia abajo para que la inflación pusiera en marcha el proceso productivo y diluyese la deuda impagable, en algún sitio se tiene que instalar.
El bitcoin, para sus defensores, tendría la cualidad del oro como extintor último de la deuda, como lo explica Antal Feteke y la absorberá toda provocando la "extinción del precio del oro/bitcoin" en términos fetekianos. Es decir ni el oro ni el bitcoin podrán cambiarse por divisas porque nadie las querría, al haberlas sustituido completamente como moneda de cambio con su propio valor intrínseco no referenciado a nada más que a sí mismo.
Pues bien, parece que estamos asistiendo al corrimiento de esa liquidez al bitcoin, que la está drenando. No podemos creer que cuatro frikis, que meten los tres mil euros que ahorraron cuando se mudaron a una habitación más barata en el piso patera que les alquilan los de la mafia nigeriana, están provocando esta subida estratosférica.
En realidad, los asiduos de este foro deberíamos ver esto como algo conocido, puesto que todos llevamos años esperando que esto mismo suceda con el oro. En este sentido parece evidente que el bitcoin ha paralizado esta función esperada del oro como drenaje del exceso de liquidez y la ha sustituido. En mi opinión solo la ha pospuesto porque hay liquidez suficiente para todos y esta acabará llegando al oro, mucho más si el bitcoin peta.
2. En lo que respecta a los aspectos políticos, sociales y del bitcoin, considero que el discurso dominante entre sus entusiastas y partidarios convencidos es profundamente confuso y hasta inmoral y no es analizado en ningún foro.
Quizás el supuesto Satoshi era verdaderamente un altruista que imaginó el bitcoin como algo sumamente beneficioso para la humanidad, que iba a poner en funcionamiento fuerzas productivas que ahora están subempleadas por un sistema económico absurdo que nos lleva a la debacle. O quizá es todo una conspiración de la NSA para succionar el exceso de dinero en manos de las masas y que, cuando hayan logrado su objetivo dirán basta y desenchufarán la máquina y ahí se quedarán esos dólares: en el hiperespacio, en el otro mundo, en la nada. Y a ver a qué autoridad vas a reclamar.
Entre los fanáticos del bitcoin hay dos esquemas principales de pensamiento político: los libertarios y los libertarians. Socialistas y comunistas no hay, o no debería haber, pero con la confusión ideológica que se traen esta temporada no es seguro esto. Cuando encuentren la evidente opresión heteropatriarcal del bitcoin supongo que aparecerán en masa a denunciarlas, pero de momento no participan en el debate.
Los libertarios estarían en la tradición del anarquismo europeo de antes de la guerra civil española, donde encontró su culminación, y para ellos el bitcoin es la forma en que la humanidad va a alcanzar la independencia económica mediante uno de sus principales objetivos históricos: la abolición del dinero y de la adoración del becerro de oro. Gracias al bitcoin todos los intercambios serán justos y la igualdad se implantará en la tierra. Los gobiernos implosionarán porque no podrán oponerse al poder de la criptografía y ya no podrán controlar la masa monetaria ni crear deuda de la nada, principal fuente de su poder. La gente será feliz. Todo el mundo obtendrá lo que necesita del bitcoin.
Los libertarian o anarcocapitalistas u objetivistas aynrandianos, son los seguidores extremos de la ancestral desconfianza norteamericana por el poder de los gobiernos, que coartan la libertad del más fuerte de hacerse con la mayor parte de riqueza gracias a su superioridad y a su eficiencia para crear bienes que desea todo el mundo. Estos serían mayoría, aunque sean unos pobres funcionarios de Badajoz, demasiado inteligentes y curiosos para estar contentos con sus sustituciones como oficinistas que tramitan subvenciones en la Consejería de Igualdad.
Sus aspiraciones de enriquecimiento y libertad vital son legítimas desde el punto de vista personal, pero funestas en el plano político y social. Su discurso predominante, enfatizando las funciones del bitcoin como medio para mover capital sin control alguno por todo el mundo sin ser fiscalizado, sin pagar ningún impuesto, sin que ningún Montoro pueda imponer tasas o multas, es profundamente reaccionario.
Señores; todos queremos y reclamamos al estado buenas autopistas, buenos hospitales, seguridad pública, paz social, que se garantice la igualdad de oportunidades... La inmi gración masiva, la huida del tercer mundo, no es más que esa aspiración llevada a sus extremos. El estado de Uganda no me puede proporcionar ninguno de estos servicios, así que, en lugar de participar políticamente en resolver estos problemas en mi país, huyo a donde los hayan resuelto y a mi país que le den morcillas. Pero los impuestos para que estos servicios existan y sin los cuales no podría funcionar la red ¿quién los paga? Los de siempre: los humildes trabajadores del mundo real que crean bienes y servicios útiles en el mundo real.
Así vemos que en el sueño utópico de los bitcoñeros está el abandonar sus paises de origen, que consideran estados fallidos a destruir, y vivir sin patria en un mundo globalizado, donde solo volverán a EEUU o a España cuando necesiten de su sanidad de primer nivel, o de cualquier otro servicio que no proporcione el Estado que controle la playa donde le servirán unos camareros y unas fruta que no tienen electricidad en sus chozas ni han oído hablar del bitcoin.
En esto reside su inmoralidad, en el afán individualista extremo que lleva a sus últimas consecuencias el proceso de destrucción de todos los lazos familiares, sociales y políticos que han construido a la humanidad desde sus inicios y que, en mi opinión, son la razón última por la que merece la pena vivir y morir.
El individuo solitario y totalmente autónomo, sin obligaciones sarracena con nadie, es una distopía futurista que ha pavor a los grandes pensadores de la historia y que ya estamos empezando a vislumbrar en este inicio de siglo. Viejos a los que nadie visita mientras sus descendientes viajan a Disneyworld con dinero prestado por el banco, niños abandonados con la consola en familias absurdas con padres de todos los sesso inventados últimamente, insolidaridad entre los trabajadores, falsos autónomos, explotación laboral, falta de honradez generalizada en las relaciones comerciales...
En fin, ya es suficiente. No sé si se entiende lo que quiero expresar, que es aquella parte de los efectos de bitcoin que no suelen aparecer en el muy animado y excitante debate sobre esta nueva tecnología.
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