Del gorrino se aprovecha todo, pero ya casi nadie puede criarlo
¿Se puede todavía criar un gorrino en casa y hacer la matanza? La respuesta corta es que sí, pero cada vez menos gente está en condiciones de hacerlo. La normativa sobre tenencia de animales de granja se ha apretado lo suficiente como para que el problema ya no sea sacrificar el animal —legal cumpliendo los requisitos sanitarios— sino tenerlo criando en el corral. Es la paradoja que resume una tradición que se apaga entre trámites.
El saber que se pierde cuando se pierde el gorrino
Eugenio Monesma y su trabajo sobre la matanza tradicional, recogido en piezas como «Del gorrino se aprovecha todo», son la memoria filmada de lo que se hacía. Programas como Los Fogones Tradicionales, cerca de dos décadas en Canal Cocina, conservan el paso a paso. Pero conservar el vídeo no es conservar el oficio. El conocimiento de la matanza, del despiece y de los embutidos se ha ido perdiendo durante un siglo largo, y quien lo aprendió ya apenas lo transmite.
El sabor del gorrino criado en casa no admite comparación
Quien ha probado el chorizo o el jamón de un animal criado y sacrificado en casa no le encuentra parecido al producto de supermercado. No es nostalgia: es la diferencia entre saber qué comía el bicho y no saberlo. Se puede comprar una pieza ya despiezada y montar la matanza uno mismo, pero no es lo mismo: incluso quien trata a diario con cinco granjas de gorrinos lo admite.
La fiesta impostada que vende el turismo
Conviene desconfiar del folclore. La matanza real era madrugón, caras largas, mucho café y mucho trabajo; pocas sonrisas. La que hoy se escenifica en algunos pueblos para visitantes se parece poco a aquello. Y había que hacerla con frío, mucho frío: el calendario lo marcaba el invierno, no la agenda cultural.
El gorrino, dicen, se aprovecha entero. Lo que nadie aprovecha es la lección: cuando un saber se pierde, no vuelve por decreto.