El artículo que ata «éxito» al latín exitus, la salida
El hilo pasa de las
48 páginas sin bajar el ritmo. Este tramo vuelve a mezclar erudición y refriega: cae un artículo sobre el viaje del latín
exitus —la salida y también la muerte— hasta nuestra palabra «éxito», y con él entran una tanda de términos que nacen de nombres propios. La pelea en torno al origen de gilipollas se lleva lo más bronco.
Qué se ha sabido
Taliván trae el
repaso a la historia de «éxito», del latín exitus a la palabra actual. De ahí sale el dato: en latín
exitus era la salida, la puerta por la que uno abandona un sitio y, por extensión, el final de una vida. En las historias clínicas todavía se escribe «éxitus letalis» cuando muere el paciente. CaCO3 matiza que él no recuerda «éxito» en los clásicos y que aquellos preferían
suceso; cita el capítulo VIII del Quijote, «del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo». WasP recuerda que «moneda» viene de Juno Moneta, la que avisa, y de los gansos del Capitolio, y enlaza un
texto sobre el origen de moneda, pecunio y dinero.
Corominas fecha
bigote en
1475, acaso del juramento germánico
bî God; «pistola», del checo
pišt'ala, flauta, o de la ciudad de Pistoia; «bayoneta», de Bayona. Euler desmonta «cálculo» hasta la piedrecita con la que se contaban las cabras. Andrespp saca que «alopecia» era «sarna en zorros» y que «inocente» es «el que no hace daño». Seltz fecha
siesta en
1220-1250, de
hora sexta. Taliván suelta tres de golpe: «bártulos», del jurista Bartolo de Sassoferrato; «canícula», de
can, por Sirio, la Estrella del Perro; y «aguinaldo», de
hoc in anno. Ultramontano aporta «parrús» y «adefesio». Y Taliván explica que en latín las estaciones eran
ver, aestas, autumnus, hiems, que de
tempus veranum salió «verano» y que Cervantes aún hablaba de cinco.
Otras que caen: «idiota», del griego
idiōtēs, el que no participa en los asuntos públicos; «taco» como sinónimo de año, por los calendarios de taco de papel; «rocambolesco», del personaje Rocambole; «cementerio», del griego
koimētḗrion, dormitorio; «gringo», atestiguado en Málaga en
1787 según midelburgo; e «Ignacio», que Wintermute liga a
ignis, fuego. CaCO3 abre el asunto de la cerveza, con cuatro familias para nombrarla en Europa. Y Taliván añade que «abuelo» no es más que «abuelito».
Dónde está la bronca
La palabra estrella es
gilipollas. LuismarpIe atribuye el término a un fiscal del siglo XVII apellidado Gil y a las burlas sobre sus hijas; Felson lo niega y sostiene que el origen está en la expresión inglesa
high life. Añade que el segundo elemento del compuesto no aludía originalmente a la anatomía masculina. Se enzarzan varias páginas; Taliván e I. de A. recuerdan que en la página 10 ya se habló del origen caló de
gili, tonto. No hay acuerdo.
Segunda escaramuza, los exónimos. Mr.Foster recuerda que «bárbaro» nació de
bar-bar, los que no hablaban griego, y el hilo se llena de nombres de pueblos. Kozak señala que «sioux» significa «enemigo» y que ellos se llaman lakota; LuismarpIe añade que «cheyenne» es «los que no entendemos»; Andrespp trae el caso de los inuit. Kozak remata con que el pueblo romaní llama
gadžé, «ellos», a todo el que no es gitano.
Tercera: Cataluña y Al-Andalus vuelven al ruedo. AssGaper defiende que Al-Andalus es «tierra de alanos y vándalos» y que Cataluña es «tierra de godos»; Relator01 insiste en la raíz vándala; Andrespp y Ludovicus se inclinan por «tierra de castillos». Nadie presenta fuente nueva y el topónimo sigue sin cerrarse. Entre medias se cuela un intercambio subido de tono sobre Franco y las colonias que no aporta nada a las palabras.
Qué cambia respecto a antes
Al-Andalus se daba por aparcado y reentra sin documentación nueva. El hilo cruza las
48 páginas y entra gente nueva: Ultramontano se lee los tramos anteriores del tirón. Taliván confiesa que ya se repiten palabras y anuncia que quiere montar un índice. Y «éxito» se convierte en la etimología más comentada, quizá porque el artículo le da un relato cerrado: de la salida, al desenlace, al triunfo.
La sobremesa
Quintus Sertorius cuenta que, acabando de comer en familia, su hijo le llamó traidor por no dejarle elegir dos helados. Su padre apuntó entonces que «traición» y «tradición» comparten etimología —lo que se entrega— y que el traidor es literalmente el que trae. La mesa lo miró como se mira a quien suelta esas cosas sin venir a cuento.