Sabrán ustedes que la caña, del latín
canna, tubo hueco, originalmente era una medida de capacidad de líquidos, aunque su definición exacta a lo largo del Imperio Español era muy incoherente. Algo parecido pasaba con la libra.
Aunque en general eran bastantes litros. Entre tres y seis. Nada que ver con lo que la gente concibe actualmente cuando dice "vamos a tomarnos unas cañas".
Pero había otro país que usaba también la caña como medida de líquidos. Uno que tal vez no se imaginan. Y esa caña está involucrada en una anécdota famosa.
A finales del siglo XVIII el rey Gustavo III de Suecia, preocupado por los posibles efectos nocivos del café, prescribió que dos condenados a gloria de similar edad y condición física bebieran diariamente tres unidades de café y tres unidades de té, respectivamente, hasta que alguno de los dos muriera de gloria natural. Según la versión más aceptada de la historia ambos sobrevivieron al rey y el bebedor de café fue el último en morir.
Pero en lo que inciden las versiones originales, en sueco, de la anécdota, es que las unidades de café y té que tenían que beber no eran tres tazas, como suele creerse. Eran tres jarras de una kanna de capacidad cada uno.
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La kanna sueca tenía una capacidad de 2,6 litros. O sea, que
los reos se trasegaban casi ocho litros de infusión diarios so pena de gloria. Hay versiones que dicen que las jarras sólo eran de media kanna, así que en ese caso sólo eran cuatro litros. Aunque el café tal y como se hacía en el siglo XVIII era muchísimo más flojo que casi todos los preparados actuales.
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Otra palabra derivada de caña y asociada a la bebida es
caneco. Puede significar un cesto hecho de fibras vegetales, puede significar una frasca de licor y en algunos países de Hispanoamérica es un término que se aplica a las cosas […] y a los borrachos.
Incluso hoy en día a una cafetera en sueco se la llama una kaffekannor, una caña de café. Pongo enlace a IKEA como fuente autorizada.