Trece páginas, según sus críticos: el estudio que retrata la manosfera española
¿Cuánto cuesta un estudio académico sobre misoginia digital? Nadie lo dice. Lo que sí consta es que el trabajo que analiza la construcción de masculinidad tóxica en la manosfera española está fechado en
2023 y firma con tres nombres. Sus críticos en el foro le calculan
trece páginas, portada incluida. Ha tardado en circular, pero cuando lo ha hecho ha dejado una ristra de reacciones que dice tanto del objeto analizado como del método empleado.
El documento, consultable a través del repositorio digital de la Universitat Autònoma de Barcelona, propone leer la conversación de una comunidad de debate económico española como caso de estudio de la manosfera. Sus conclusiones apuntan a un ecosistema donde la desconfianza hacia la validación femenina, el rechazo a la tutela afectiva y la autosuficiencia masculina funcionan como ejes identitarios. Hasta ahí, nada que no se haya escrito antes. La novedad está en quién lo firma, cuánto ocupa y qué se ha dejado fuera.
Qué analiza el estudio y qué se queda fuera
Según uno de los participantes del hilo, el trabajo divide a los participantes de esa comunidad por sexo y edad y ofrece porcentajes exactos de cada grupo. Un detalle que, leído en frío, llama la atención: se asignan proporciones precisas sobre una muestra que, según una de las críticas, se recolectó en muy poco tiempo.
Media hora de lectura, resume una de las acusaciones más citadas.
El otro reproche es estructural. Se sostiene que
el 80% del material escrito se apoya en citas de otros autores sin llegar a desarrollar un análisis propio, y que el andamiaje metodológico se reduce a poco más que una hoja de cálculo. El problema, añaden los escépticos, es dar por supuesto que todo lo analizado es misoginia antes de mirarlo.
Cómo ha evolucionado la discusión
Arrancó con una sorpresa —«¿conocíais tal estudio?»— y en pocas horas derivó hacia tres frentes: la metodología, el dinero y la carcajada. El tercero acaparó la mayor parte de la extensión y la menor parte del contenido. Aparició pronto, además, la tesis de la moderación: si el material recogido refleja un discurso extremo, se argumenta, es porque no existen filtros suficientes que lo frenen. Es la hipótesis más discutible de todas, y también la que nadie se molesta en demostrar.
La coincidencia del nombre que nadie buscó
Charo Lacalle firma el trabajo junto a Beatriz Gómez-Morales y Mireya Vicent-Ibáñez. La coincidencia entre el nombre de pila de la primera firmante y el apelativo despectivo que esos entornos emplean para referirse a las mujeres se convirtió en el chiste recurrente de toda la conversación. «Una deliciosa casualidad», ironizaban algunos.
De ahí salta el resto. Las bromas sobre los apellidos compuestos convivieron con intentos más serios de desmontar la metodología, y el análisis se fue diluyendo en ocurrencias sobre la vida social de quienes firman. La burla no sustituye al dato: las autoras tienen nombre, apellidos y afiliación universitaria verificable, y eso es más de lo que puede decirse de buena parte de lo que se les reprocha.
Cuánto ha costado y quién lo paga
Aquí el debate se vuelve opaco. Nadie aporta la cifra real. Se habla de estudios
chiringuito, de subvenciones y de un reparto anual de fondos que nadie detalla. La universidad pública queda en el punto de mira, y la pregunta de fondo no es cuánto cuesta un PDF, sino cuántos trabajos como este se financian sin que su utilidad sea comprobable. La respuesta honesta es que nadie lo sabe, y que precisamente por eso la sospecha encuentra terreno abonado.
El contra-análisis que se propone y no llega
La reacción más ambiciosa consiste en replicar el método, pero al revés: aplicar la misma plantilla a espacios de debate femeninos y medir allí la hostilidad hacia los hombres con los criterios con que aquí se mide la misoginia. Se han puesto sobre la mesa comunidades y publicaciones como posibles objetos de estudio, y algunos ya han esbozado el índice: introducción, marco teórico, corpus y conclusiones. Si ese ejercicio llegara a publicarse con financiación pública, la discusión sería interesante. Mientras siga siendo una ocurrencia, sirve como lo que es: una forma elegante de decir que el rasero se aplica en una sola dirección.
Un estudio sin réplica y sin fecha de caducidad
El documento ya tiene un par de años y sigue generando reacciones. En el hilo no aparece ninguna réplica académica de signo contrario ni ninguna petición de retirada. Su vida útil depende de que alguien lo cite.
Al final, la conclusión más incómoda para todos es sencilla. Un puñado de páginas ha conseguido que una comunidad entera se ponga a debatir sobre sí misma. Si ese era el objetivo del estudio, funcionó.
Y encima salió gratis.