La acampada por la vivienda en Sol: del 15M al casting electoral
La acampada por la vivienda en la Puerta del Sol no es el 15M. Se le parece demasiado, y esa es justo la grieta que separa a quienes la viven desde dentro de quienes la miran con la ceja levantada. A la plaza se llega con lo puesto —una tienda de
veinte euros y una silla plegable— y con la esperanza, medio en broma, de que alguien reparta un saco de dormir a estrenar y algo de leche vegetal. El centro de Madrid está colapsado, el tráfico no avanza y el campamento ya tiene su propia logística. La pregunta que sobrevuela no es si hay gente: es qué demonios se está cociendo ahí.
Qué se está montando en la Puerta del Sol
El atasco es literal, de los que hacen honor a la fama de la capital. Entre el gentío circulan dos detalles que nadie esperaba: un servicio de
catering montado a base de bien y bandejas de
Ferrero Rocher repartidas para regalar. El resultado es un bombón que, según se comenta con sorna, sabe más a Nocilla que a chocolate de lujo. A la plaza llega quien trae comida, quien busca sitio para acampar y quien se limita a mirar. La convocatoria ha convertido el paseo por Sol en un ejercicio de paciencia.
Agua, pasta de dientes y cena caliente: la logística del campamento
El montaje no se sostiene solo con buena voluntad. Hay reparto de agua, de pasta de dientes y de cena caliente al caer la noche, y buena parte del esfuerzo se va en recoger la basura que genera la propia concentración. Lo que en el 15M se articulaba en comisiones reaparece aquí en grupos que ordenan, gestionan la comida y buscan hueco a los que llegan tarde. El relato que se repite asegura que esta vez hay
más gente que en la acampada histórica de 2011. Nadie pone una cifra encima de la mesa.
¿Es una protesta por la vivienda o un casting electoral?
Aquí empieza el pulso de verdad. El lema es la vivienda, pero hay quien sostiene que las casas son lo de menos: lo que se juega en Sol, dicen, es un
casting para las próximas elecciones, con dirigentes de segunda y tercera fila de formaciones de izquierda midiéndose ante las cámaras. La especulación llega hasta arriba: se comenta que más de una cara nueva podría acabar en listas del PSOE. En el otro lado pesa un argumento simple: la gente está en la calle porque no puede pagar un alquiler. Comparar esta acampada con la de 2011, sin embargo, tiene truco. Los propios asistentes admiten que no aparece la asamblea y que el ambiente resulta más apagado que el de 2012, aunque insisten en que la gente está decidida. Hubo tensión frente al edificio del Gobierno en Sol.
Qué puede pasar con la acampada
La previsión, con reservas, es que el campamento aguante unos días y que después todo se mida en votos y en titulares. Si el desgaste no lo desmonta antes, la plaza servirá para calibrar cuánto músculo real tiene el malestar por el precio de la vivienda y cuánto de ese malestar acaba en las urnas. Nadie firmaría hoy el resultado.