El vídeo del Ejército en la frontera que reabre la alta traición
Las imágenes corren como la pólvora: personal uniformado, supuestamente del Ejército español, aparece en una actitud que muchos leen como un respaldo a la entrada irregular de migrantes. El vídeo, que el título original no duda en calificar de “entrada de invasores”, ha abierto una brecha entre quienes exigen consecuencias penales y quienes piden verlo dos veces.
La conversación ha recuperado la definición de alta traición: actos de extrema deslealtad contra el país que atentan contra la soberanía, la independencia, la seguridad o la integridad territorial. Sobre esa base, los dedos apuntan a los responsables políticos de Defensa, Interior y Exteriores. Pero también hay quien recuerda que las Fuerzas Armadas cumplen órdenes y que, si la consigna es no disparar, el jaleo es el margen que deja una cadena de mando ajena a la política migratoria.
En paralelo circula un símil incómodo: la película “Demolition Man”, donde una sociedad anestesiada por el confort no reacciona ante quien llega a romper las reglas. La analogía ya se usó en 2015 para alertar de que la inmigración acabaría cambiando el país; el vídeo actual reaviva esa lectura y la traslada al corazón de la defensa nacional.
En clave económica, el asunto trasciende el gesto: una frontera que no se controla es un pasivo estratégico que acaba pagando el contribuyente. El resultado es un cruce de acusaciones sin verificación oficial ni resolución judicial a la vista. La única certeza es que la frontera vuelve a ser el centro del problema, y que nadie ha puesto precio a lo que cuesta fingir que no se ve.