En relación con el tema de los recursos, valoro profundamente tu perspectiva y conocimiento detallado respaldado por datos concretos. Es evidente que, sin cambios significativos, el panorama no muestra indicios claros de mejoría. Reconozco la presencia de numerosas promesas en el horizonte, aunque por ahora, solo representan eso, promesas. Por ejemplo, la Agencia Internacional de Energía (AIE) consideraba que para el 2050, la energía geotérmica podría suplir hasta el 10% de la demanda global de electricidad (actualmente alrededor del 0,3%), así como las esperanzas para la energía basada en el hidrógeno.
La autosuficiencia en este contexto parece prácticamente inalcanzable, pero también es importante cuestionar si realmente es el objetivo. Personalmente, la idea de aviones, grandes vehículos o barcos impulsados directamente por energía eléctrica me parece algo difícil de visualizar.
En cuanto al tema de las recompras, es una cuestión que me preocupa, ya que implica una suerte de "engaño" hacia los inversores. Si entre 2011 y 2022 el 40,5% del aumento en el mercado bursátil se atribuye a recompras de acciones, esto sugiere que la mayoría del ascenso no se debe a una expansión de la eficiencia o productividad de las empresas, sino a un efecto contable. ¿Qué realidad se revelará cuando este efecto se desvanezca? Es oportuno recordar que en 2022 se aprobó una ley que gravaba con un 1% las recompras de acciones de empresas que declararan más de 1.000 millones de beneficios, y ahora, con el aumento de los tipos de interés, estas estrategias ya no resultan tan atractivas.
Además, recuerdo uno de los temas que quería abordar anteriormente: los impuestos corporativos. Hay un documento muy interesante publicado por la Reserva Federal que aborda este asunto () en el que transcribo un párrafo:
En 1989, el tipo efectivo del impuesto de sociedades -medido como los gastos fiscales agregados divididos por los ingresos agregados antes de impuestos- se situó en el 34%, tras haber descendido desde una media del 44% durante el periodo comprendido entre 1962 y 1982. De 1989 a 2007, justo antes de la crisis financiera, los tipos efectivos del impuesto de sociedades alcanzaron una media del 32%. En los años inmediatamente posteriores a la crisis financiera se redujeron ligeramente. El siguiente gran paso a la baja se produjo tras la aprobación de la Ley de Recortes y Empleos Fiscales de 2017, que redujo el tipo legal del impuesto de sociedades del 35% al 21%. Con esta reforma, los tipos efectivos del impuesto de sociedades cayeron del 23% en 2016 al 15% en 2019.
Estos datos, respaldados por gráficos incluidos en el documento, reflejan que no solo una mayor liquidez en el sistema que explicabas en tu artículo, sino también una tendencia sostenida de reducción de impuestos corporativos durante décadas han sido grandes involucradas en el comportamiento de las acciones.
Incorporo una gráfica alternativa para dar una imagen muy clara de lo que intento explicar:
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Ante el crecimiento de los déficits gubernamentales a un ritmo superior al de la economía, será difícil para los Estados mantener impuestos corporativos en descenso. En cambio, se augura un entorno menos favorable con tipos impositivos más altos, acceso limitado a la liquidez y una posible subida o estabilización de los impuestos.