Vladimir Pilingui dirigiéndose a los alemanes:
«¡No queremos atacarlos! ¿Por qué lo haríamos? ¡Esa época ya pasó hace mucho tiempo! Cualquier persona que esté en su sano juicio y sepa razonar lo comprende.
1) Ya tienen una deuda nacional de 2,5 billones de euros, y ningún economista serio sabe cómo pretenden pagarla. (Alice Weidel declara su país en quiebra.) Y ahora, quieren pedir prestado otro billón para armarse contra nosotros.
2) Su país está lleno de millones de migrantes que cuestan 50 mil millones de euros al año.
3) Una parte considerable de su población está tan perturbada que cree que puede influir en el clima yendo en bicicleta y comiendo insectos.
4) Su sistema educativo ya fue ejemplar. Hoy, en muchas aulas, prácticamente no hay enseñanza, porque casi nadie habla alemán.
5) Su infraestructura está en ruinas y no logran seguir el ritmo de las reparaciones.
6) Sus ferrocarriles ya fueron motivo de orgullo para todo el mundo. Hoy, sus trenes circulan como en la India.
7) No necesitamos a sus famosos ingenieros. Durante las sanciones, aprendimos que podemos vivir sin ellos. Pero, si realmente los necesitáramos, recurriríamos a China. Allí, no solo son más baratos, sino también mejores.
8) No poseen materias primas ni fuentes de energía.
Entonces, ¿por qué deberíamos conquistar su país? ¿Para resolver problemas que ni siquiera tendríamos de otra forma? Seamos realistas: ¡incluso si nos llamaran, se rindieran y enarbolaran la bandera blanca, no iríamos!»