Shanaka Anslem Perera ha publicado un interesante análisis del post de Trump de ayer en Truth Social.
Trump ha nombrado a China, Francia, Japón, Corea del Sur y Reino Unido, y les ha pedido que manden barcos de guerra a Ormuz.
La lectura es que
cada país que mande barcos está votando por el sistema monetario bajo el que funcionará el Estrecho cuando la guerra termine.
Perera lo clava con China.
Si Pekín manda barcos, se subordina a la arquitectura naval americana, pierde la neutralidad con Irán, y destruye el corredor yuan-petróleo que los iraníes le estaban regalando con el Estrecho semicerrado.
Y si no los manda, confirma que es un
aprovechador dispuesto a dejar que el mundo arda mientras compra crudo iraní con descuento a través de su flota sombra.
Pero hay una capa más allá del análisis de Perera.
El Yom Kipur iraní
El ministro de exteriores iraní Abbas Araghchi declaró el 25 de febrero que un acuerdo histórico estaba al alcance de la mano.
El 27 de febrero, un día antes de los ataques, el ministro de Exteriores de Omán anunció que Irán había aceptado no almacenar uranio enriquecido, verificación completa del OIEA, y degradación irreversible de su material nuclear.
Irán ya había cedido, y al día siguiente cayeron las bombas.
¿Por qué bombardean a alguien que acaba de aceptar tus condiciones? Porque el acuerdo diplomático no bastaba, necesitaban la destrucción militar.
En 1973 Egipto lanzó
la guerra de Yom Kipur sabiendo que no podía ganar.
No buscaba conquistar Israel, buscaba restaurar el honor nacional para poder negociar la paz sin que lo llamaran fistro.
Sin los perecid de octubre del 73, no se habría firmado Camp David en el 78.
La violencia fue el precio de entrada a la mesa de negociación.
Irán 2026 es el mismo esquema, pero invertido.
No es Irán el que necesita la guerra para negociar, son EEUU, Israel y Arabia Saudí los que la necesitan para que el acuerdo sea irreversible.
El Washington Post ya ha publicado que los gobiernos saudí e israelí presionaron repetidamente.
No querían un acuerdo nuclear, querían la destrucción de la capacidad militar iraní como condición previa al acuerdo nuclear.
Como dice Perera, "
los barcos son la papeleta, el Estrecho de Ormuz es la urna y la divisa es el voto", muy democrático.
Para saber cuál es el premio hay que volver al paper de Stephen Miran, el asesor económico de Trump, que publicó en Hudson Bay Capital hace más de un año, con la tesis de que EEUU usa el paraguas de seguridad como palanca para reestructurar el sistema monetario.
Los países que quieran protección americana aceptan dejar caer el dólar vendiendo reservas, comprar bonos del Tesoro a larguísimo plazo, y financiar la reindustrialización americana.
Lo llamó el Acuerdo Mar-a-Lago y solo faltaba el mecanismo de presión.
Ormuz es el mecanismo de presión para el acuerdo.
Con el estrecho de Ormuz cerrado, el mundo entero necesita que EEUU lo reabra.
Petróleo a 100 dólares, Fujairah y Kharg bombardeados, seguros marítimos cancelados. Los únicos barcos que pasan son los de la flota sombra china y los petroleros rusos por Bab el-Mandab, y el resto del mundo pagando la factura.
Trump con la petición de barcos de guerra está repartiendo las invitaciones para la cena de gala:
Japón anuncia su adhesión a
Golden Dome esta semana, su billete de entrada.
Corea del Sur depende del Golfo para su energía, no tiene opción.
Francia opera desde Djibuti, Macron ya visitó su portaaviones.
Reino Unido opera desde Baréin, el HMS Dragon ya navega hacia allí.
China tiene la reunión Trump-Xi en Pekín en dos semanas, la antesala de la negociación.
La mesa de negociación en Mar-a-Lago servirá con este menú:
- Irán renuncia al programa nuclear a cambio de levantamiento de sanciones y un régimen que sobrevive transformado.
- La coalición naval garantiza
Ormuz bajo denominación en dólares y seguros occidentales.
- Los participantes de la coalición
aceptan las condiciones monetarias tipo Miran con bonos largos, ajustes cambiarios, mantenimiento del dólar como reserva.
China tiene que elegir entonces entre entrar en el nuevo sistema perdiendo el corredor yuan-Ormuz, o quedarse fuera y perder acceso al 55% de su crudo importado.
Y Trump firma el
Acuerdo del Siglo que no es solo paz con Irán, sino la reestructuración del sistema del dólar con su sello encima.
¿Y Rusia? Trump no la nombra en el post de Ormuz, pero llamó a Pilingui hace cinco días. Una hora de conversación donde Pilingui propuso llevarse el uranio iraní a Rusia a cambio de un acuerdo, y Trump lo rechazó.
Días antes, Trump había levantado sanciones al petróleo ruso para aliviar el mercado energético.
El propio Trump reconoció que Pilingui "está ayudando un poco a Irán", y acto seguido le dijo: "Puedes ser más útil terminando la guerra en Ucrania"
Rusia no está invitada a la coalición naval porque su asiento en Mar-a-Lago no está en la mesa de Ormuz, está en la mesa de Ucrania. A Pilingui le están ofreciendo dejar de ayudar a Irán, cooperar con el fin de la guerra, a cambio de levantar sanciones y estabilizar su mercado petrolero. Irán y Ucrania no son dos conflictos separados, son las dos mitades del mismo acuerdo.
Israel tampoco aparece en la lista porque ya cobró con la destrucción de la capacidad militar iraní, Khamenei eliminado, el programa nuclear en vías de desmantelamiento y Hezbollah diezmado.
Eso era lo que Netanyahu llevaba años pidiendo, y su asiento en Mar-a-Lago es la normalización con Arabia Saudí, la ampliación de los Acuerdos de Abraham, y Golden Dome como paraguas de defensa regional con financiación americana.
De Camp David a Mar-a-Lago
Camp David 1978
Una guerra limitada que abre la puerta a la paz, un nuevo orden regional donde EEUU se convierte en garante, Egipto abandona la órbita soviética, Sadat y Carter reciben el Nobel, y Egipto cobra un cheque de mil millones anuales en ayuda americana.
Mar-a-Lago 2026
Una guerra total que abre la puerta a la paz y a algo más grande, un nuevo orden no solo regional sino monetario, donde EEUU garantiza Ormuz, el mundo acepta las condiciones del dólar para seguir recibiendo petróleo, y Trump se lleva el crédito y la reestructuración del sistema financiero global.
Otra gran diferencia es que Carter era un mediador honesto entre dos partes, mientras que Trump es el que ha causado la crisis, el que ofrece la solución y el que pone las condiciones.
La letra pequeña
Si el nuevo liderazgo iraní firma un acuerdo de este calibre, los duros del IRGC podrían verlo como traición, y a Sadat lo cancelar por menos. Pero el riesgo mayor no es un magnicidio sino una fragmentación, un Irán donde el IRGC controla provincias enteras al margen del gobierno central, con milicias que no reconocen el acuerdo y acceso a los mismos drones que Trump acaba de admitir que no puede neutralizar desde el aire.
Y si China traga con las condiciones monetarias, no será gratis. Pekín lleva años construyendo el swift chino CIPS, mBridge, el yuan digital, acuerdos bilaterales de swap con medio mundo, toda una infraestructura diseñada para el día en que el dólar deje de ser inevitable.
Aceptar las condiciones de Miran significaría admitir que ese día no ha llegado, y la pregunta es si Xi puede vender eso internamente sin que lo interpreten como una derrota estratégica.
El riesgo de fondo es que China simplemente espere para negociar bilateralmente con quien quede en Teherán, como hizo con Irak después de 2003.
La respuesta tal vez la tengamos en dos semanas tras el encuentro Trump-Xi en Pekín, donde hablarán sobre si China acepta sentarse en la mesa de Ormuz o si prefiere esperar en la puerta.