Leer las declaraciones sobre la deuda en EEUU de alguien perteneciente a la élite financiera a estas alturas no sorprende, pero resulta dramático porque confirma que vamos directos al abismo sin remisión y con la complacencia del sistema.
Christophe Morel es el economista jefe del grupo francés Groupama Asset Management, con €150.000 millones bajo su gestión, Doctor en Finanzas por París-Dauphine y carrera desarrollada enteramente dentro del establishment financiero francés (Ministerio de Finanzas, Fondo de Reserva de Pensiones, banca privada).
Su posición institucional como gestor de activos de una gran aseguradora le obliga a ser optimista. Groupama necesita que los mercados de bonos permanezcan funcionales y estables, haciendo difícil que ofrezca análisis verdaderamente crítico sobre la insostenibilidad del sistema.
Representa el consenso de gestores institucionales que han normalizado la represión financiera continua durante su carrera profesional en este siglo XXI.
Sobre la deuda en EEUU, Morel reconoce que "el problema es tan enorme que la solución no va a ser convencional", pero al mismo tiempo expresa "confianza en que lo arreglarán".
Entonces, si el problema requiere soluciones no convencionales precisamente por su magnitud sin precedentes, ¿de dónde viene la confianza en el éxito?.
Y más sabiendo que históricamente, las "soluciones no convencionales" a crisis de deuda soberana han incluido defaults, reestructuraciones forzosas, o destrucción monetaria.
El plan que describe Morel es esencialmente represión financiera, consistente en forzar a los bancos a absorber bonos, presionar a la Fed para mantener tipos artificialmente bajos, y acortar la duración de la deuda.
Describe las stablecoins como "otra manera de refinanciar al Tesoro". Técnicamente es correcto pero no dice que las stablecoins respaldadas por treasuries simplemente cambian la estructura de tenencia, no crean demanda neta nueva.
Las stablecoins además de concentrar el riesgo en monedas privadas y crear una pirámide de apalancamiento ¿quién compra los treasuries que respaldan las stablecoins?
Morel afirma que la deuda no siempre es el problema, basándose en que "nada pasó" tras el aumento de deuda post-ELbichito, omitiendo pequeños detalles como la inflación del 9% en EE.UU (máximo de 40 años), la pérdida masiva de poder adquisitivo y el aumento de tipos de 0% a 5.5%, incrementando el coste de servicio de la deuda.
Parece ignorar que las crisis de deuda soberana no son lineales, funcionan hasta que dejan de funcionar, a menudo de forma abrupta.
Morel asume que una mayor inversión automáticamente genera crecimiento sostenible, ignorando el concepto austríaco de malinversión.
Si la inversión se financia con crédito artificialmente barato (represión financiera), esta se canalizará hacia proyectos insostenibles. La inversión en IA masiva podría ser otra burbuja y no toda inversión aumenta la productividad porque la inversión mal dirigida destruye capital.
Por otro lado, si como dice hay tanto exceso de ahorro corporativo, ¿por qué se necesita represión financiera gubernamental?
La normalización de la inflación es preocupante. Las transiciones tecnológicas históricas como la revolución industrial, la electrificación o la digitalización fueron deflacionarias en términos de precios ajustados por calidad.
Lo inflacionario no son las transiciones tecnológicas, sino su financiación mediante expansión monetaria.
Morel no menciona riesgos como la pérdida de confianza en el dólar como reserva o la dinámica actual de espiral de deuda.
La "confianza en que Trump lo arreglará" no tiene en cuenta que las soluciones requieren disciplina fiscal políticamente imposible y que el plan descrito exporta inflación y volatilidad al resto del mundo.
Durante décadas de QE masivo, rescates bancarios, tipos cero, y expansión del balance de la Fed, las grandes corporaciones y tenedores de activos han capturado ganancias extraordinarias vía Cantillon. Pero cuando llega el momento de pagar la factura, el sistema financiero señala directamente a las prestaciones sociales como el problema estructural.
Solo una reacción coordinada y externa al sistema puede salvar esto, pero va a hacer falta algo más que movimientos juveniles por todo el mundo para evitar la catástrofe a la que nos dirigen.