@antorob enhorabuena otra vez, ver tus estupendas entradas debería ser obligatorias en este hilo:
La misión imposible de los japos es defender el yen y su deuda mientras evitan la inflación con una población que disminuye por el envejecimiento. Es una catástrofe " in the making"
Discrepo con la conclusión del blog:
(mensaje citado en revisión)
Japón tiene una deuda del 240% del PIB. Restamos la mitad por estar en manos del Banco de Japón, nos queda el 120% del PIB.
Si hago la cuenta de la vieja, me sale entonces que si han pasado de una rentabilidad del -0,3 al 1,7% actual, eso es un 2,4% extra de déficit en el presupuesto.
Y si no interviene eso solo irá a más, cada vez más rápido según aumente el miedo en el mercado.
Desde el punto de vista de los políticos, es insostenible que el Banco de Japón no intervenga, con lo que descarto lo que el autor considera la segunda posibilidad.
El mercado debe pensar parecido a mí, porque aun a pesar de que los tipos efectivos han subido,
la devaluación del yen continúa muy rápida. El mercado es "burbujero" entiendo, ven como nosotros que es insostenible que el BJ no intervenga.
Así que será la opción primera. Y ahora es donde llega mi
desacuerdo con el autor, pues entiende que habrá mayor inflación (estamos creo todos de acuerdo) pero que el estado habrá de subir tipos de nuevo.
El estado japonés NO PUEDE POLÍTICAMENTE subir tipos. Una subida de tipos arruinaría al estado japonés vía déficit y, sobre todo, al partido político que aceptase semejante opción.
El sector privado japonés, por su parte, tiene unos ahorros netos mucho mayores que la deuda pública de su país.
Y ahí es donde entramos los
refugiados en metales preciosos, pues vemos claro que lo que van a hacer es permitir una inflación superior al tipo de interés -represión financiera- para que el ahorro privado pierda poder adquisitivo mientras la deuda pública se diluye. Es decir,
usarán la inflación como impuesto al ahorro, al igual que están haciendo los bancos occidentales y pronto hará China.
Y el mercado lo sabe. Por eso el sector privado huye rápido del yen, y el mercado de bonos huye de la renta fija japonesa adelantadamente.