Consecuencias de la crisis de Irán para Europa
El Atlantic Council, uno de los think tanks más influyentes de Washington en política exterior y defensa, publicó este fin de semana un análisis sobre el impacto energético de la Operación Epic Fury contra Irán.
Su conclusión es que
los precios de la energía son una variable secundaria manejable.
Recuerdan que durante la ocupación de Irak (2003-2011), el crudo promedió más de $100/barril ajustados a inflación y la economía global siguió funcionando. Lo que no dice es para quién era manejable, Estados Unidos produce su propio petróleo y gas de esquisto mientras Europa importa prácticamente todo lo que consume.
El Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial y una quinta parte del GNL global, está prácticamente cerrado, no por bloqueo militar iraní, sino porque las aseguradoras han retirado cobertura y las primas están en máximos de seis años.
Según la firma de inteligencia
Kpler, esto es una
disrupción real de suministro que afecta simultáneamente al crudo, GLP y GNL.
Irán agotó su colchón de inventario exportando a máximos en febrero, y la capacidad ociosa de OPEC+, 3,5 millones de barriles diarios, está atrapada dentro del Golfo, aguas arriba del Estrecho.
Goldman Sachs estima que un mes de cierre dispararía el gas europeo un 130%, y más de dos meses llevarían los precios por encima de €100/MWh, forzando el cierre masivo de industria. El impacto sobre el gas estadounidense sería, en palabras de Goldman, "probablemente limitado".
Europa llega a esta crisis tras perder el gas ruso barato y apostar por el GNL catarí como sustituto, el 94% del GNL que transita por Ormuz es catarí. Con el Mar Rojo ya casi cerrado por los hutíes, el continente queda atrapado entre dos cuellos de botella marítimos sin producción propia significativa.
No todos los países están igualmente expuestos.
España obtiene el 39% de su gas de Argelia por el gasoducto Medgaz, que no toca Ormuz, y dispone de un tercio de la capacidad de regasificación de la UE.
Pero el mercado de GNL es un sistema de vasos comunicantes, si Ormuz corta el suministro catarí, los compradores asiáticos compiten por los cargamentos alternativos, elevando precios para todos.
Italia, en cambio, es el caso más peligroso. Importa el 95% de su gas, el 45% de su GNL viene de Qatar vía Ormuz, y su deuda pública ronda el 137% del PIB con intereses que alcanzan el 4,6%.
Un shock energético que frene su crecimiento del 0,4% y dispare el gasto público forzaría al BCE a elegir entre contener la inflación o evitar una crisis de deuda soberana, el dilema que Europa lleva una década temiendo.
Las 35.000 PyMEs exportadoras del norte de Italia dependen de gas asequible y sin él, la
desertificación industrial pasa de riesgo teórico a realidad operativa.
Italia no es solo la peor parada, es el eslabón cuya rotura arrastra al euro.
Por otra parte,
Rare Earth Exchanges señala que la rivalidad entre grandes potencias se define cada vez más por el control de chokepoints de productos básicos estratégicos.
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China importa hasta 1,4 millones de barriles diarios de crudo iraní por Ormuz, pero controla simultáneamente más del 80% de la manufactura global de imanes de neodimio y la mayoría de la capacidad de separación de tierras raras.
Si Ormuz amenaza su suministro energético, Pekín puede responder con restricciones a la exportación de minerales críticos. Europa, sin petróleo propio ni tierras raras ni capacidad de procesamiento, queda expuesta a una doble escasez que el mercado aún no valora.
Incluso si el conflicto se resuelve en cuestión de días, el daño estructural persiste. Las primas de seguro marítimo no se normalizan al día siguiente, tras el Mar Rojo, algunas nunca lo hicieron.
El mercado físico de GNL carece de la flexibilidad del petróleo para absorber interrupciones cortas. Y Europa no llega descansada, con tres años de precios elevados post-Ucrania han dejado la industria al límite, y cada crisis se lleva empresas que no vuelven cuando el precio baja.
Ormuz puede cerrarse de facto en 48 horas por retirada de seguros, sin necesidad de bloqueo militar. Ese riesgo se incorpora permanentemente al cálculo de cualquier empresa europea, acelerando la relocalización hacia EEUU o Asia.
Cuando el Atlantic Council califica los precios energéticos de
variable secundaria, habla desde un país que produce 13 millones de barriles diarios y para quien un barril más caro beneficia a sus propios productores.
Para Europa, esa
variable secundaria es la diferencia entre mantener su base industrial o consumar una transformación económica descendente que lleva gestándose desde 2022.
La consecuencia de esta crisis será la confirmación de que el modelo europeo basado en energía importada barata ha llegado a su fin, y que quienes diseñaron la operación nunca incluyeron a Europa entre los beneficiarios.
Malos tiempos.