La calle está llena de gente que aún no ha visto el recibo de la luz de este mes o la próxima revisión de la hipoteca variable. El capital se quema porque aún queda, y el crédito fluye. Es la fase del ciclo en la que todo el mundo cree que la fiesta es eterna.
Lo del reset es una metáfora forera. Cuando la deuda se vuelva insostenible, los activos sobrevalorados y la demografía se estrelle contra el muro de las pensiones, no habrá revolución. Habrá un "reajuste" vía inflación, impuestos confiscatorios y pérdida de poder adquisitivo. Un reset lento y doloroso, no uno épico.
Erio-Eleuterio espera un movimiento colectivo que no va a llegar. La gente prefiere Netflix y el sofá antes que salir a "poner los perecid". El español medio tiene más capacidad para quejarse en el bar que para organizar algo que no sea una quedada para ver el fútbol.
El hambre sí que cambia el humor, pero primero hay que llegar a ella. De momento hay colas en los restaurantes de moda y viajes low cost. Cuando el ajuste llegue de verdad, será cada uno por su cuenta. Y sí, a los que avisaron en 2005 y han sido ridiculizados desde entonces, habría que darles algo más que una medalla. Pero esto es España, aquí el mérito se castiga.