El PNV dice que «algún día» contará la oferta del PP
Aitor Esteban dejó caer en plena negociación de investidura que «algún día» contará lo que el PP le ofreció «hace un par de meses». La frase, lanzada como aviso, tiene un destinatario doble: Pedro Sánchez, para recordarle que su firma en el acuerdo con el PNV le compromete, y el PP, para advertirle de que la abstención fallida no se queda impune. El PNV exige reconocer la nación vasca y la bilateralidad España-Euskadi. Y mientras, el debate de fondo vuelve a lo de siempre: si el modelo territorial del 78 aguanta o se desmiembra.
Qué ofreció el PP al PNV y por qué no cuajó
El propio Esteban insinuó que la oferta popular fue sustanciosa, aunque no la detalló. La lectura más repetida es que el PP buscaba una abstención del PNV para una investidura que nunca llegó a materializarse, y que el partido jeltzale prefirió no quemarse con Bildu al lado. Hay quien sostiene que un pacto de investidura con Vox en la ecuación era inviable para los nacionalistas vascos, y que cualquier oferta, por generosa que fuera, se habría roto en dos días como ya ocurrió con Mariano Rajoy. La advertencia de Esteban es, en el fondo, un recordatorio de que el PP también jugó a la subasta.
El cupo vasco y la bilateralidad: qué pide el PNV
El acuerdo con el PSOE incluye reconocer la nación vasca y la bilateralidad España-Euskadi, según el propio Esteban. No es una novedad histórica: el régimen foral viene de lejos. El concierto económico se remonta a 1880, cuando se creó para solo ocho años, y luego se perpetuó vía cupo, según un participante. Sobre esa base, el PNV ha ido acumulando competencias y una posición de privilegio fiscal que, según los críticos, se sostiene sobre el resto de España. La pregunta que sobrevuela es cuánto más se puede estirar la cuerda sin romperla.
El R78 como chivo expiatorio de todos los males
Buena parte del descontento apunta al diseño constitucional. Se argumenta que el sistema electoral y autonómico empuja a que la llave del gobierno acabe siempre en manos de los nacionalistas, y que a partir de ahí empieza la subasta del Estado. La propuesta más repetida: elecciones separadas a presidente con doble vuelta, para evitar las coyundas entre oligarquías. Otros van más lejos y piden salirse de la UE y de la OTAN. El diagnóstico es compartido; la receta, no.
Bildu, el socio silencioso que no pide nada
Llama la atención que Bildu no haya exigido gran cosa a cambio de su apoyo, según un participante. Hay quien interpreta ese silencio como la mejor prueba de que a la formación abertzale le basta con ver a España autodestruirse. Otros recuerdan que el PNV y Bildu son, en la práctica, lo mismo, y que el verdadero problema del PNV es que ha dejado de ser de derechas y poco a poco le comen la tostada. La competencia entre ambos marca el ritmo de la política vasca.
El PP y el PSOE, dos caras de la misma subasta
La acusación más repetida es que tanto PP como PSOE han ido vendiendo el Estado a plazos a los nacionalistas. El PP bloquea la ley de amnistía en el Senado, según un participante, pero antes ofreció lo que fuera al PNV, según la insinuación de Esteban. El PSOE firma la bilateralidad y lo que haga falta. La conclusión que se impone: no es un problema de siglas, sino de un sistema que premia al que mejor puja. Y mientras, la pregunta de fondo sigue sin respuesta: ¿cuánto queda antes de que el Estado sea irrecuperable?
El punto exacto donde el análisis se atasca es el mismo de siempre: nadie sabe cuánto ofreció el PP, nadie sabe cuánto ofrecerá el PSOE, y nadie sabe si el PNV cumplirá su advertencia de contarlo. Lo único claro es que la subasta sigue abierta.