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Debemos aprender a convivir, sin…
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La amenaza de una guerra atómica total, aunque parezca un eco del pasado, persiste debido al mantenimiento de arsenales nucleares y la desconfianza entre potencias.
El planeta, esa nave espacial que compartimos, parece navegar en aguas turbulentas. Se dice que la humanidad no ha superado su etapa infantil, esa de la rivalidad y el "yo más que tú". Parece que la idea de que "luchamos por el mayor bien, y el mayor bien es la supervivencia", acuñada en tiempos de soldados, se ha diluido en la complejidad del presente. La amenaza de una guerra atómica, que a muchos jóvenes les puede sonar a anacronismo de abuelos, sigue siendo un polvorín latente.
La caída del bloque soviético y el fin de la Guerra Fría trajeron un alivio palpable. La canción de Europe, "The Final Countdown", pareció marcar un antes y un después. Sin embargo, las armas nucleares siguen existiendo, y su mantenimiento es, en muchos casos, más económico que el de los sistemas de defensa convencionales. Mantener operativo un avión de combate como el F-15 Eagle, con sus constantes necesidades de reemplazo de piezas, puede costar significativamente más que el mantenimiento anual de un misil en un silo. Un simple cambio de gomas y una revisión básica son suficientes para asegurar su operatividad, una fracción del coste de mantener una flota aérea.
La desconfianza entre las potencias nucleares es un muro infranqueable para el desarme total. La idea de que un país desmantele su arsenal atómico mientras otro pudiera retener secretamente algunas cabezas es un escenario que ningún ejército está dispuesto a asumir. Es el mismo recelo que impide que todos los líderes políticos se reúnan en un solo país, como se planteaba en la ciencia ficción. La tecnología para fabricar estas armas, además, permanece. En los años 80 ya se estimaba que el arsenal atómico mundial era suficiente para destruir la Tierra en varias ocasiones. Hoy, con la suma de nuevos países como Corea del Norte y China al club nuclear, esa capacidad se ha incrementado. El conflicto en Ucrania, por ejemplo, tiene raíces en un antiguo acuerdo donde Ucrania cedió sus armas nucleares a Rusia a cambio de garantías de seguridad por parte de la OTAN, un pacto que, como hemos visto, no ha evitado la escalada.
Debemos aprender a convivir, sin…