Losbar
Himbersor
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Este chaval deja por los…
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Un tuit viral elogia a un joven por animar a los manifestantes de Sol a ponerse a trabajar. El mensaje usa el elogio individual para deslegitimar la protesta por la vivienda.
La escena es breve y reconocible: un chaval se planta en la Puerta del Sol y, micrófono en mano o simplemente a viva voz, anima a quienes están allí concentrados a ponerse a trabajar. La publicación que lo difunde lo resume con un "ole por este chaval" y una pulla directa a los "perroflautas". El gesto, real o exagerado, se convierte en munición política.
La publicación no describe una protesta concreta ni una fecha. Solo celebra que alguien diga en voz alta lo que muchos piensan: que quien protesta debería estar trabajando. Ese "ole" es la noticia. No hay datos de cuántos manifestantes había, ni de qué se reivindicaba, ni de si el chaval pertenecía a algún grupo. La fuerza del mensaje está en el contraste: un joven con iniciativa frente a una multitud que, según el tuit, no la tiene.
El recurso no es nuevo. Convertir a una persona en ejemplo de virtud cívica mientras se descalifica al colectivo es una operación retórica vieja. Funciona porque no necesita argumentos: basta con señalar al que "hace algo" frente a los que "no hacen nada". La protesta por la vivienda queda reducida a una escena de vagancia.
En los últimos años, la vivienda se ha convertido en el asunto que más moviliza en España. Las manifestaciones por el alquiler han reunido a decenas de miles de personas en Madrid y otras ciudades, convocadas por plataformas ciudadanas y sindicatos de inquilinos. Las cifras de esfuerzo salarial para pagar un alquiler no han dejado de subir desde 2021. El tuit no entra en nada de eso. Solo señala a los que protestan y les dice que trabajen.
Ese gesto tiene un efecto claro: desplaza el foco. En lugar de discutir por qué el alquiler se come el 40% del sueldo en muchas capitales, se discute si quien protesta es un vago. La anécdota, real o montada, sirve para eso.
La publicación incluye un vídeo del que no se conocen ni la fecha exacta ni el lugar preciso más allá de la mención a Sol. No hay verificación independiente de lo que ocurrió. El tuit acumula interacciones y se comparte como si fuera una prueba definitiva de algo. No lo es. Es una escena suelta convertida en símbolo.
Que un joven anime a trabajar a quien protesta puede ser simpático, provocador o ambas cosas. Pero no demuestra nada sobre el mercado laboral, ni sobre la vivienda, ni sobre las razones de quienes se manifiestan. Solo muestra que el discurso del esfuerzo individual sigue siendo un arma eficaz para desactivar demandas colectivas.
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