Una cuenta anónima estrella a Alvise a una semana de los comicios
Faltaba una semana para las elecciones europeas cuando una cuenta anónima de Twitter empezó a soltar tuits, uno detrás de otro, contra Luis Alvise Pérez. No eran reproches sueltos: hablaban de las cuentas anuales de una de sus empresas, del dinero recaudado con la tienda de «Gobierno Dimisión», de donaciones en Bitcoin y de un tren de vida que no encaja con quien dice no vivir de la política. La operación no parecía improvisada. Y el calendario, desde luego, no lo era.
La cuenta no da tregua: de las cuentas de la empresa al ático de Gran Vía
El reguero de mensajes es largo —la propia cuenta habla de un hilo de 26 tuits— y va por capas. Primero, la advertencia de que sería
una lástima publicar las cuentas anuales de una de las sociedades del líder de Se Acabó La Fiesta (SALF) para demostrar cómo se habría despilfarrado lo recaudado en la tienda de merchandising. Después, la acusación más seria: que Pérez recibiría donaciones en Bitcoin procedentes de una cuenta vinculada a una estafa de más de 30 millones de euros. Todo ello, según la cuenta, con una pregunta de fondo que repite como un martillo: ¿a quién tiene detrás realmente?
El tono no mejora cuando pasa al patrimonio. Se le atribuyen coches de lujo, un ático en Gran Vía, restaurantes y cambios de pareja frecuentes que no se sostendrían con lo que declara ingresar. Y un último mensaje, más sucio que los anteriores, reproduce lo que supuestamente dicen personas que le conocen: que sería un vago y un borracho. Esa parte no aporta ni un dato, pero deja claro que el ataque no busca convencer, busca erosionar.
¿Son legales las donaciones en Bitcoin para una campaña?
Aquí es donde el asunto deja de ser un ajuste de cuentas tuitero y entra en el terreno jurídico. La cuenta asegura que recibir donaciones en Bitcoin para una campaña electoral es ilegal y apunta directamente al artículo 126.1 de la LOREG, que regula cómo y de quién pueden aceptarse aportaciones a un partido. Con esa referencia, advierte de que «sería una lástima» que alguien presentase una queja ante la Junta Electoral o una denuncia en Fiscalía por financiación ilegal.
Conviene ser preciso: nadie ha presentado, según lo que recoge el debate, ninguna de esas denuncias. Son amenazas de llevarlas a cabo, formuladas por una cuenta anónima sin firma ni responsabilidad editorial. Pero el marco que invoca no es inventado, y por eso el mensaje incomoda más de lo que incomodaría un simple insulto.
El «chiringuito financiero» del hipódromo
El penúltimo frente es una conferencia en el Hipódromo de Madrid. Según la acusación, Pérez habría participado en un acto sin decir quién estaba detrás, y detrás estaría Madeira Investment Club, un grupo que la CNMV habría calificado como «chiringuito financiero». Ahí la línea argumental cambia de tercio: ya no es dinero de origen dudoso entrando, sino imagen pública prestada a un supuesto negocio de dudosa solvencia.
El remate del razonamiento es el más ideológico: que todo esto lo haría engañando a sus votantes mientras les vende una neutralidad que, siempre según la cuenta, ni existe ni es cierta. Ahí ya no se debate contabilidad, se debate relato.
Quién está detrás: la guerra dentro de la derecha
La pregunta evidente es de quién es la mano que dispara. En el mismo foro donde rebota el asunto, las hipótesis se cruzan sin que ninguna se imponga. Hay quien sostiene que el propio Alvise se está filtrando a sí mismo para alimentar el papel de mártir y cerrar filas. Otros apuntan a que la cuenta sirve a intereses de Vox, y el propio Pérez ha llegado a afirmar en una entrevista que detrás hay dos cargos del partido de Abascal. La cuenta, en paralelo, ha salpicado también a Macarena Olona, que ha contraatacado. Un culebrón de servicios, vamos.
El dato que descoloca es que a esas alturas el calendario juega contra todos: si el objetivo era dañar a SALF, se ha hecho a una semana de votar; y si el objetivo era reforzarlo, se ha hecho de la forma más torpe posible. Pocos leen esta filtración como el trabajo de un aficionado.
El tren de vida y la respuesta del sorteo
En medio del ruido aparece la cifra menos vistosa y más citada: un pago de casi 7.000 euros procedente, según la cuenta, de alguien que financia webs conspiranoicas. A partir de ahí, el debate se parte. Una corriente lee el episodio como la prueba de que SALF es un producto más del sistema que dice combatir, financiado por gente con intereses muy concretos. Otra responde que nada de esto está probado y que la cuenta no ha mostrado un solo documento.
Y luego está la respuesta del propio protagonista: Alvise ha anunciado que sorteará su sueldo entre quienes le voten. En el contexto de las acusaciones sobre dinero y patrimonio, el gesto tiene una lectura obvia. Para unos es una muestra de que no necesita el cargo para vivir; para otros, la forma más barata de tapar un fin de semana de preguntas incómodas que nadie ha llevado todavía a un juzgado.