Rusia avanza en Donetsk y Jersón; Ucrania resiste en Járkov
Un funcionario de Defensa de Estados Unidos reconoció «avances incrementales» de Rusia cerca de Jersón y Mykolaiv, y «algún progreso» en Donetsk. Casi al mismo tiempo, un periodista desplazado en el Donbás describía una situación que se deteriora «significativamente» y que se ha acelerado en cuestión de días, con tropas rusas avanzando en varios ejes en 24 horas. La paradoja es que Ucrania, en ese mismo tramo, presumía de éxitos en su ofensiva sobre Járkov. Dos relatos que no encajan entre sí. ¿Se mueve el frente o solo el relato que lo cuenta?
Jersón y Mykolaiv: avances lentos y una ciudad difícil de tomar
El frente sur se ha convertido en un intercambio de golpes sin dueño claro. En Jersón y Mykolaiv la lectura dominante es la del
ping-pong: posiciones que cambian de manos y vuelven. Tomar una ciudad de casi medio millón de habitantes exigiría un esfuerzo urbano que nadie da por sencillo. Lo que se repite es la idea de un avance ruso a cuentagotas, apoyado sobre todo en artillería de largo alcance disparada desde posiciones seguras. Nada que se parezca a una ruptura del frente.
En el Donbás, en cambio, el tono cambia. Hay quien sostiene que los avances rusos son allí lentos pero constantes desde hace semanas, con golpes importantes en las últimas jornadas. La clave, según algunos análisis, es que tras la contraofensiva ucraniana sobre Járkov Rusia estaría echando el resto en el este para cerrar su objetivo antes de que el frente se le descomponga por otros flancos.
El giro europeo: Macron, Draghi y el gas en rublos
Hay un segundo hilo que alimenta la sensación de cambio: las señales políticas desde Europa tal como se leen en el debate. Según lo recogido en el hilo, Emmanuel Macron habría sostenido que Rusia no es enemiga de Europa; Mario Draghi habría apuntado que no hay que quemar puentes y habría pedido que la operadora energética italiana pague en rublos. Se lee como una apuesta por no romper del todo con Moscú. En paralelo, un miembro de la OTAN bloqueaba el consenso de la alianza y Washington hablaba con el ministro de Defensa ruso para pedir un alto el fuego. La pregunta que sobrevuela: ¿firmeza o cálculo energético?
Las «superarmas» rusas y el relato de la propaganda
La prensa occidental se ha hecho eco de las armas supuestamente invencibles de Putin: tanques impenetrables, láser, artilugios varios escondidos mientras sus soldados caían a paladas. El contraste tiene su guasa y recuerda a aquel primer ejército del mundo al que una guerrilla pobre en armamento acabó expulsando de Afganistán. La duda razonable que plantea el material: ¿información verificada o intoxicación?
El balance territorial: 12.000 km² frente a 3.000 km²
Los números que circulan en el análisis no sostienen una victoria rusa arrolladora. Ucrania habría ganado unos 12.000 km² de terreno en dos meses de ataque, mientras Rusia habría sumado unos 3.000 km² en tres meses de ofensiva. Sobre esa base se discute la afirmación contraintuitiva de que Ucrania estaría «estancada» con 50.000 bajas en dos meses. Si el cálculo fuera cierto, la cifra rusa, con menos terreno ganado, tendría que dispararse muy por encima.
¿Están agotados los dos ejércitos?
La impresión más repetida es la de dos bandos exhaustos. Rusia tendría la «ventaja» de poder movilizar más tropas, con el riesgo social que entraña; de hecho ya se habla de una movilización parcial de 300.000 soldados. Sus reservas de material serían en buena parte antiguas y la sangría de mandos intermedios, severa. Del otro lado, la industria militar occidental se considera casi inagotable, pero llevar el material a primera línea cuesta y hay noticias de unidades ucranianas que se resistirían a ir al frente.
El pulso por Severodonetsk y Lysychansk
El foco inmediato está en el este. El cerco de Severodonetsk y Lysychansk avanza rápido y podría cerrarse en una o dos semanas, aunque la limpieza urbana de dos ciudades puede alargarse meses, como ocurrió en Mariupol. Rusia necesitaría un alto el fuego tras la toma para afianzar el frente sin ser hostigada en Jersón. Las conversaciones exigirían garantías de que Ucrania no entrará en la OTAN y el reconocimiento de Crimea y los territorios conquistados. Sin eso, la guerra sigue. Y encima, la ONU avisa de hambrunas si se sancionan los fertilizantes rusos.
Con estos mimbres, el pronóstico más honesto que se maneja es el de un estancamiento con menos intensidad y más desgaste. Queda una duda de fondo, la única que quizá importe: en una guerra así, ¿aguanta antes el material o los hombres?