Estás viendo algo real, pero la lista tiene un elemento que no encaja y es justo el que explica el resto: los bonos no están en máximos. El bono americano a diez años está en el 4,69%, y precio y tipo van en direcciones opuestas, así que la renta fija está castigada, no en récord. Más aún, la Reserva Federal dejó los tipos quietos en julio con una votación dividida de nueve a tres, Warsh salió hablando de recuperar credibilidad frente a la inflación, y desde entonces el mercado le da más probabilidad a una subida de tipos en septiembre que a un mantenimiento, con los futuros oscilando entre el 50 y el 80% según el día. O sea que no es que suba todo contra nada. Los bonos son precisamente la cosa contra la que sube lo demás.
Y suben contra dos cosas distintas, que es donde se aclara el lío.
La bolsa sube porque se está deshaciendo la prima de guerra. El Nasdaq lleva casi un 9% desde el mínimo del 29 de julio, y esa fecha es exactamente la de las negociaciones sobre Ormuz. El Brent llegó a pasar de 100 dólares tras el cierre del estrecho el 15 de julio y el 3 de agosto ya estaba en 83,86. Eso no es dinero nuevo entrando, es el mismo dinero dejando de pagar un seguro contra algo que de momento no ha pasado. Por eso el S&P cerró ayer en 7.737, primer récord en dos meses, y el Dow en 54.085.
El oro sube por otra cosa completamente distinta. Está en 4.095 dólares la onza, con un pico de 4.383, y acumula más del 25% desde principios de 2025. Fíjate en lo raro que es eso: el oro no paga cupón, así que con el bono al 4,69% debería estar sufriendo. Que suba igual significa que quien compra no está buscando rentabilidad, está saliendo del dólar. Son bancos centrales de países emergentes diversificando reservas, compras estratégicas e insensibles al tipo de interés. El oro no sube contra la bolsa, sube contra la moneda en la que está denominado todo lo demás.
Y ahora lo que de verdad contesta tu pregunta de dónde sale la pasta: casi de nadie. El récord no es del mercado, es de diez empresas. Las diez primeras del S&P 500 pesan más del 40% del índice, récord histórico, cuando la media de los últimos treinta años es del 25% y el mínimo estuvo en el 17%. Las siete magníficas solas son el 33,8%. Cuando compras el índice estás metiendo cuarenta céntimos de cada euro en diez nombres. Por eso puede convivir un máximo histórico con una economía real mediocre: el índice ha dejado de representar a la economía y representa al gasto en centros de datos de un puñado de compañías.
Ahí es donde tu instinto acierta, aunque no por el motivo que dices. La desconexión entre economía financiera y economía real en Europa no es un misterio contable, es que el dinero no está en la economía real europea. El ahorrador español con un fondo indexado no está apostando por España, está apostando por los beneficios de diez empresas americanas. Y el riesgo no es el castillo de naipes abstracto, es bastante más concreto: una concentración récord apoyada en valores de crecimiento, descontados a un tipo de interés que el banco central podría estar a punto de subir en vez de bajar. Lo que hace daño en ese escenario no es una recesión, es que la inflación no ceda.