Partida de mesa a las 18:00: la convocatoria que se quedó en dos
A las seis en punto de la tarde estaba convocada una partida de mesa. Seis plazas, orden de llegada, y un enlace que se colgaría en el mismo sitio de la convocatoria. La cosa terminó con dos jugadores y una frase de despedida: habrá que repetir. Entre la convocatoria y el cierre pasaron menos de dos horas y el tablero nunca llegó a llenarse.
El anuncio se lanzó con la fórmula de siempre:
máximo seis jugadores, los que se metan primero. Se llamó por tandas a una lista de nombres, se avisó de que el enlace se editaría en el primer mensaje y se dio hora exacta. La respuesta fue un goteo de bajas y excusas: uno que remaba, otro que no podía a esa hora, y dos que contestaron con su propio juego de mesa como quien enseña la insignia.
Del Europa Universalis al ajedrez: la competencia interna
El primero en declinar lo hizo con elegancia de estratega:
solo juego al Europa Universalis 5. El segundo afinó más y cambió el tablero por el tablero de 64 casillas. La partida de mesa tenía rivales y no eran otros juegos de mesa, sino la fidelidad a un solo título. Un patrón que se repite en cualquier convocatoria de ocio organizado: el compromiso dura lo que tarda el siguiente mensaje en llegar.
Cuando el enlace ya estaba creado y la cuenta atrás en cinco minutos, el recuento seguía sin llegar al mínimo. Se reclamaron
dos jugadores más con insistencia. La convocatoria se estiró a última hora con más nombres, incluidos los que no habían participado en la ronda anterior. Ni por esas.
¿Por qué fracasan las partidas convocadas en grupo?
Porque la convocatoria se hace en público y la asistencia se decide en privado. Apuntarse a un mensaje no cuesta nada; presentarse a las 18:00 exige renunciar a la tarde. La distancia entre el entusiasmo del primer minuto y la silla vacía de la hora señalada es el único dato que no falla.
El caso tiene su gracia estadística:
dos jugadores confirmaron, uno de ellos con un «estoy dentro» que llegó cuando la partida ya estaba en marcha. Los demás se quedaron en el saludo, la broma o el juego alternativo. La partida existió, se jugó y se cerró con un «habrá que repetir» que es, en realidad, el resumen de casi todas las quedadas.
Queda la pregunta de siempre, la que no tiene respuesta: si seis plazas y una hora fija no bastan para juntar a cuatro personas, ¿cuántas convocatorias harían falta para llenar un tablero? El enlace sigue ahí. El tablero, también.