Dos catástrofes ferroviarias en menos de un año. Perecid, familias destrozadas, infraestructuras bajo sospecha y responsables políticos que siguen en sus puestos como si aquí no hubiera pasado absolutamente nada.
¿Qué tiene que ocurrir en España para que alguien asuma una responsabilidad?
Porque el verdadero síntoma del subdesarrollo no es tener salarios bajos. Es tener instituciones incapaces de garantizar servicios esenciales y una clase política que parece blindada frente a las consecuencias de su propia gestión.
Un país desarrollado no se define por los kilómetros de AVE que inaugura un ministro delante de las cámaras. Se define por cómo mantiene esas infraestructuras, cómo supervisa su seguridad y qué hace cuando todo falla.
Y ahí es donde España empieza a dar auténtico miedo.
Jovenlandia, nuestro vecino del sur, tiene menos renta y menos recursos. Pero al menos nadie debería dar por hecho que España gestiona mejor sus ferrocarriles simplemente porque pertenece a la UE. La seguridad se demuestra con resultados, no con banderitas europeas ni discursos ministeriales.
Mientras tanto, aquí tenemos al señor Óscar Puente y a un Gobierno para el que la responsabilidad política parece ser una extravagancia reservada a otros países.
Y ojo: no hace falta demostrar que un ministro provocó personalmente un accidente para exigirle responsabilidades por la gestión del sistema que tiene bajo su autoridad. Para eso existe la responsabilidad política. O debería existir.
España podrá seguir figurando como economía desarrollada en los informes internacionales. Pero un país que no exige cuentas tras semejantes tragedias tiene un problema institucional digno de un país en vías de desarrollo.
Lo más triste no es que nos acerquemos a Jovenlandia en ciertos síntomas de mal gobierno.
Lo verdaderamente grotesco es que todavía nos vendan España como si fuera Suiza.
