El IMV crece un 16,9% y la factura rompe el “España va bien”
España presume de recuperación, pero los datos de la prestación estrella cuentan otra historia: el número de beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital ha crecido un 16,9% en doce meses. La cifra ha reabierto una batalla que mezcla números, moral y miedo al futuro. Unos la celebran como el blindaje del estado del bienestar; otros la ven como la prueba de que el sistema se sostiene a base de subsidios.
Cuatro mil millones que no cuadran en la caja
El coste anual del IMV ronda los 4.000 millones de euros. Sobre una recaudación estatal de 150.000 millones, el peso es de un 2,7%. Hay quien lo compara con las pensiones: un año entero de IMV equivale a la tercera parte de un mes de jubilaciones. Por tanto, calderilla. Pero también está quien responde que 400.000 perceptores son 400.000 personas que podrían estar generando riqueza, y que 4.000 millones son suficientes para dotar de medios a la defensa o a infraestructuras. El agujero no es el coste, dicen; es la filosofía.
Los casos que incendian el debate
La discusión se puebla de ejemplos concretos. Una amiga de 40 años, española, lleva seis años cobrando 740 euros al mes. Vive en un piso de playa pagado, tiene coche y 15.000 euros ahorrados. Cumple la ley, se argumenta; pero su situación parece alejada de la emergencia social. Otro caso citado: un extranjero de un país rico de la UE, con herencia, casa reformada en Barcelona y carrera universitaria, también es beneficiario. Son anécdotas, pero alimentan la percepción de que la prestación se ha convertido en un coladero. Entre los requisitos está el test de activos: permite la vivienda habitual y exige no superar los 21.000 euros en el resto del patrimonio.
El agravio con la discapacidad y el fantasma del recorte selectivo
Otra cuerda que tensa el debate es la comparación con las pensiones por incapacidad. Quienes han cotizado y sufren un accidente grave se encuentran con que el IMV paga más que una prestación contributiva por discapacidad. El malestar es doble: quienes más han aportado, menos reciben. Y en el horizonte asoma un miedo político: si el recorte llega, golpeará primero a los españoles de nacimiento y dejará al margen a quienes no tienen historial en el sistema. La sospecha de que la red se ha convertido en un cliente electoral recorre gran parte del debate.
Un subsidio condenado a crecer
Los datos sugieren que el IMV no va a dejar de crecer. Se menciona ya la posibilidad de exigir un año de cotización a los menores de 30 años, lo que ampliaría la base de perceptores. El gasto, lejos de estabilizarse, seguirá al alza. Los casos documentados detrás de estas cifras son mucho más numerosos y detallados de lo que aquí cabe. La pregunta que flota es incómoda: si la economía va tan bien, ¿por qué cada vez más gente depende de lo que paga el Estado para llegar a fin de mes? ¿Cuánto podrá sostener el sistema antes de que alguien decida tirar del hilo?