Más de la mitad de los perceptores del IMV cobran al menos otra prestación: ¿ayuda o trampa?
La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha puesto sobre la mesa un dato que invita a la reflexión: más del 50% de los beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital (IMV) reciben simultáneamente al menos otra prestación pública. La conclusión, recogida por El Mundo, señala que el IMV español es más generoso que ayudas similares en la UE, pero con peores resultados en cobertura y reducción de la pobreza.
El perfil del perceptor: ¿cómo se acumulan las ayudas?
Según los datos disponibles, un porcentaje significativo de hogares combina el IMV con complementos autonómicos como la RGI (Renta de Garantía de Ingresos) u otras rentas garantizadas. Por ejemplo, se mencionan cuantías de 900 a 1.200 euros mensuales para dos personas, que varían según la comunidad autónoma. Esto supera en muchos casos el salario mínimo interprofesional (SMI), situado en torno a 1.100 euros brutos. La paradoja es evidente: trabajar a jornada completa puede resultar menos rentable que percibir la combinación de prestaciones.
El debate sobre los «paguiteros profesionales»
El término, cargado de ironía, refleja la preocupación por un grupo que, según se argumenta, ha aprendido a navegar el sistema de bienestar para maximizar sus ingresos sin empleo formal. Algunos análisis apuntan a que un número elevado de perceptores abandonaría la búsqueda activa de trabajo por miedo a perder las ayudas, generando un efecto de dependencia. Datos de Okdiario indican que la mitad de las familias que empezaron a cobrar el IMV en 2020 seguían percibiéndolo cinco años después, lo que sugiere una cronificación.
¿Extorsión o paz social?
Otra corriente interpretativa sostiene que las prestaciones no son un colchón asistencial, sino un mecanismo para evitar el estallido social. «Son un peaje para que no se monte un trinc bien grave», se argumenta. En esta visión, las ayudas funcionan como una válvula de escape en un contexto de mercado laboral precario, donde el 96% de los trabajos serían de baja cualificación y mal remunerados. La cuestión de fondo es si el sistema está diseñado para paliar la pobreza o para gestionar el descontento.
La sostenibilidad del sistema
El gasto creciente en prestaciones, financiado en buena parte con deuda pública, genera dudas sobre su viabilidad a largo plazo. La comparación con Argentina, donde la acumulación de ayudas contribuyó a crisis fiscales recurrentes, aparece como un aviso. Mientras, el gobierno insiste en que la convivencia de ayudas es «razonable», pero la AIReF advierte que el modelo español no está logrando sus objetivos de cobertura y reducción de la pobreza.
Conclusión: un dilema sin resolver
El dato de que más de la mitad de los perceptores del IMV cobren otras prestaciones no es una noticia aislada, sino el síntoma de un diseño que combina generosidad nominal con baja eficacia. ¿Estamos ante un sistema que atrapa a sus beneficiarios en la dependencia o que, simplemente, refleja la precariedad del mercado laboral? La respuesta, probablemente, no será única.