España pierde el 25% del empleo industrial y nadie sabe de qué vive ya
La industria española ha perdido una cuarta parte de su empleo desde el año 2000. El dato, publicado por
elEconomista.es, deja una pregunta incómoda en el aire: si se han esfumado uno de cada cuatro puestos fabriles, ¿de qué vive hoy el país? La respuesta que emerge del análisis no es tranquilizadora: turismo, empleo público, servicios de bajísimo valor añadido y una montaña de deuda que sostiene sueldos y pensiones. El empleo industrial no se ha sustituido por otro mejor. Se ha sustituido por otro peor, o directamente por nada.
El 72% del empleo creado desde 2018 es público
Uno de los cálculos que más circula apunta a que desde 2018 el
72% del empleo neto creado en España es empleo público. Del 28% restante, buena parte sería empleo inducido por el propio sector público: cada nuevo centro de servicios sociales genera plazas de educador, vigilante, cocinero y personal auxiliar. Es decir, empleo que existe porque hay dinero público detrás, no porque haya demanda real de mercado.
La otra pata es el turismo. Bares, hoteles, restauración, reparto de paquetería, limpieza, hostelería. Sectores que absorben mano de obra, sí, pero con salarios congelados durante años y una productividad que no crece. El diagnóstico que se repite:
se cierran fábricas para abrir supermercados y gimnasios. La industria se va, el ladrillo y el menú del día se quedan.
La I+D española sigue a la cola de Europa
El contraste con el resto de Europa es brutal. España destina el
1,49% del PIB a I+D, por delante de Croacia (1,39%) pero muy por detrás de Suecia (3,57%), Francia (2,19%) o Portugal (1,69%). El país ocupa el puesto 16 del ranking europeo de intensidad inversora en investigación. Sin industria y sin I+D, la pregunta no es cómo competir: es de qué se va a vivir.
Hay quien sostiene que el problema no es solo económico, sino demográfico. La pirámide poblacional invertida hace que cada vez haya más pensionistas y menos trabajadores en activo, lo que mejora artificialmente las cifras de paro sin que se cree un solo empleo productivo. La tasa de reposición se convierte así en un maquillaje estadístico.
¿De qué trabaja entonces la gente?
La respuesta más incómoda es la que apunta a la deuda. El Estado emite deuda, esa deuda paga sueldos de funcionarios y pensiones, y esos sueldos y pensiones sostienen el consumo en bares, supermercados, viajes y reformas. Un circuito cerrado que funciona mientras alguien compre la deuda. La advertencia que se repite: cuando la deuda pública entre en impago, el estruendo se oirá lejos.
Frente a esto, hay quien matiza que también se ha creado empleo en consultorías, sector financiero y construcción. Y quien recuerda que en los ochenta España tenía más industria, más marcas de coches y más astilleros que ahora, y una familia vivía con un solo sueldo. La comparación no sale bien.
La industria perdió el 25% de su empleo. El país no ha encontrado nada mejor que poner en su lugar. Y mientras tanto, la pregunta sigue sin respuesta oficial:
¿de qué trabaja ahora la gente?